Francisco Moscoso

Tribuna Invitada

Por Francisco Moscoso
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El 25 de julio en tres tiempos

Desde la segunda mitad del siglo veinte, el 25 de julio se ha fijado en el calendario oficial de las efemérides de Puerto Rico para conmemorar  el inicio del gobierno bajo el diseño del Estado Libre Asociado. Al mismo tiempo se escogió la fecha para supuestamente dar un punto de partida político a Puerto Rico y borrar de la memoria su raíz en la Guerra Hispano-Americana de 1898.

En realidad, el 25 de julio se nos presenta en tres tiempos históricos distintos para remachar la condición colonial de Puerto Rico. Ninguno de ellos es para celebrar.  Antes bien, es para repudiar el 25 de julio aunque la fecha, obviamente no es culpable de nada, lo relevante son los  acontecimientos que lo acompañan.

En 1808, la Francia  encabezada por Napoleón Bonaparte orquestó el derrocamiento de la dinastía Borbón y procedió a invadir e imponer su dominación imperialista sobre España. El pueblo español se levantó en armas para reconquistar su independencia y restituir en el trono al joven rey Fernando VII a quien consideraban como autoridad legítima de España. Que ignoraban que el monarca era otro bandido político son otros 20 pesos. De ello se enteraron cuando volvió al poder en 1814, abolió la constitución liberal de 1812  e impuso nuevamente la monarquía dictatorial.

No obstante, en 1808 una Junta revolucionaria de Sevilla (incluso desde mucho antes nos acompañan también las juntas impositivas extranjeras, como la de 1706), reafirmó la soberanía de España sobre la colonia. Para ello envió a los comisionados Jaúregui y Jabat para que Puerto Rico reafirmara su subordinación a España y jurara su lealtad a Fernando VII. La ceremonia se llevó a cabo en San Juan el 25 de julio de 1808. Entonces el diputado Ramón Power electo en 1809 y los criollos ilustrados de su tiempo se engañaron con aquel primer paquete de promesas.

En 1898 estalló la guerra entre España y Estados Unidos. Los antecedentes de las intenciones imperialistas de Estados Unidos y su intervención para desalojar a España como potencia en América se remontan a finales del siglo 18. Su documentación y análisis no caben en un artículo corto. Sobre la complejidad de Puerto Rico en 1898 la historiografía es abundante, aunque no se ha expuesto y documentado todo lo que falta por traer a la luz. Tampoco basta un artículo.  El hecho conocido en general es que Estados Unidos invadió y ocupó a Puerto Rico el 25 de julio de 1898. Desde entonces ha ejercido su dominación a la fuerza y con la colaboración de sectores políticos puertorriqueños.

Medio siglo después, tras ejercer su control colonial directo y hacer todo lo posible por “americanizar” a Puerto Rico (logrado parcialmente),  Estados Unidos estuvo dispuesto primero a conceder que el país eligiera a un gobernador puertorriqueño en1948. Ese fue Luis Muñoz Marín, quien renegó de todo su bagaje independentista y socialista previo, y se prestó a timonear al Partido Popular Democrático del “Pan, Tierra, Libertad” (que ya ni eso es…) hacia el acomodo de una administración colonial en manos puertorriqueñas. Uno de los mitos en que se ha montado ese espejismo político es el de que supuestamente Muñoz Marín fue el “creador del Estado Libre Asociado”. La verdad es que cogió pon con el proyecto Campbell-Guerra Mondragón de 1922, de un gobierno con careta autonómica, exactamente en esos términos esbozado tres décadas antes. Pueden confirmarlo en la obra de Bolívar Pagán, Historia de los partidos políticos puertorriqueños, Tomo II (1972).

Y así llegamos al tercer tiempo histórico. El precedido por la Ley 600 de 1950 del Congreso de Estados Unidos que autoriza a los puertorriqueños a redactar su “propia constitución”. Seguido por la instrumentación, luego del visto/bueno del Congreso, del Estado Libre Asociado, el 25 de julio de 1952. Todo ello fue repudiado por un sector del PPD que reafirmó el derecho de Puerto Rico a su libertad constituyendo el Partido Independentista Puertorriqueño en 1946. La ilegitimidad de la dominación colonial de Estados Unidos fue denunciada y resistida por el Partido Nacionalista de Puerto Rico, bajo la dirección de Pedro Albizu Campos desde 1930; y enfrentados por la insurrección nacionalista de 1950 y la acción denunciatoria en el Congreso estadounidense en 1954.

Lo afirmado sobre Puerto Rico “autónomo” por el gobierno de Estados Unidos en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es sencillamente una mentira. Ya ni se atreven ventilar el asunto de cara ante el Comité de Descolonización. Lo tendrán que hacer ante la Asamblea General, cuando no la puedan manipular completamente. El mundo y la correlación de fuerzas están cambiando continua y rápidamente.

Lo que Vicente Géigel Polanco, una vez mano derecha de Muñoz Marín, rechazó como la Farsa del ELA (ahora título de un libro) cobra toda validez con la imposición de la Junta de Control Federal según le llama todo el mundo independientemente de su título formal. El pretendido pacto común y transferencia de soberanía de Estados Unidos a Puerto Rico, o de soberanía “compartida” siempre ha sido otra mentira.

La colonia está al desnudo y desvalida. No hay 25 de julio alguno que conmemorar. Como las fechas de los eventos los pueblos no las escogen con tanta previsión puede ser que la libertad de Puerto Rico - que no dudo se logrará - se obtenga, pues,  un 25 de julio. Pero, si podemos evitarlo, que sea cualquier otro día el que nos llene de felicidad.

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