Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
💬 0

El ajo se apunta otra

De acuerdo con la sabiduría popular, las virtudes del ajo son muchas y diversas. Se supone que sea efectivo para la hipertensión arterial, la enfermedad coronaria, el colesterol alto, la prevención del cáncer rectal, el prostático, la osteoartritis, la diabetes, la influenza, los resfriados, las infecciones vaginales por hongo, la diarrea y hasta las hemorroides. También se supone que sea un buen repelente de insectos. No estoy seguro de cuán cierto sea esto último, pero al menos tengo esta certeza: si consumes ajo con frecuencia te funcionará como un buen repelente de tus enemigos… aunque también de tus amistades. 

Desde luego que es poco probable que una sola sustancia tenga tantas virtudes y sea efectiva para tantos y tan variados males. Las panaceas no existen. En una columna anterior expliqué algunos de los beneficios reales de este sabroso vegetal, el cual se ha comprobado científicamente que es capaz de bajar la presión y disminuir el riesgo de cáncer de estómago y de mama. 

¿Cómo podemos comprobar la propuesta eficacia del ajo como tratamiento para otros males? La mayor parte de la gente piensa que esto se hace con testimonios que leen en internet, oyen por radio o les dice el vecino de al lado.  Pero no es de esta forma que establecemos eficacia en la medicina, pues esto no nos proporciona una idea objetiva de su capacidad. La eficacia de un determinado producto se comprueba a través de investigaciones científicas, de las cuales los estudios “doble ciego” con placebo rinden la mejor calidad de evidencia, segura y sólida.  

¿En qué consiste un estudio “doble ciego”? A la mitad de los sujetos se les asigna el tratamiento al azar, como una lotería, ya sea con la medicina experimental o con placebo (una píldora inerte o falsa). El propósito es eliminar el poder mental de la sugestión. Aunque usted no lo crea, suministrar un placebo puede producir resultados positivos en un gran número de personas, especialmente cuando lo que estamos midiendo son síntomas subjetivos como la sensación de bienestar del enfermo o la percepción de dolor. Tanto los médicos como los participantes en el estudio desconocen quién está recibiendo cuál tratamiento (de ahí proviene el término “doble ciego”), hasta que al concluir la investigación, ya cuando se han analizado de forma objetiva los resultados, se revela la clave para determinar si el tratamiento experimental es superior.

Desde luego que no siempre el uso de un placebo es ético, especialmente cuando ya existe un tratamiento estándar que funciona bien. En esos casos, en lugar de usar un placebo, se utiliza el tratamiento estándar para comparar contra el tratamiento experimental. 

Por esta razón me llamó mucho la atención un reciente estudio doble ciego con placebo, en el cual la Dra. Susan Percival y sus colaboradores de la Universidad de Florida, investigaron la capacidad del ajo como tratamiento preventivo contra el resfriado común y la influenza. El laboratorio de la Dra. Percival hace décadas investiga los efectos médicos del ajo, y en este estudio su enfoque fue en los cambios que produce este vegetal en las células que componen el sistema inmune. Simultáneamente examinaron la relación del consumo de ajo con la influenza y el resfriado común.

Estudios previos han demostrado que si se cocina a temperaturas altas, el ajo pierde sus propiedades beneficiosas para la salud. Por tanto en este estudio, ella le administró unas píldoras de 2,560 mg de ajo a 60 sujetos saludables, y a otros 60 se les trató con unas píldoras placebo idénticas en apariencia a las de ajo. Las píldoras que contenían ajo consistían en un extracto denominado en inglés “aged garlic extract” (AGE), el cual se fabrica a partir de ajo cultivado orgánicamente que se rebana, se empapa en una solución de alcohol y luego se añeja hasta por 20 meses. 

Luego de 45 días, compararon el número de linfocitos NK y gamma/delta en la sangre. Estos son dos tipos de células muy importantes para el buen funcionamiento del sistema inmune. En los sujetos que recibieron las pastillas de ajo, estas células aumentaron en número significativamente. 

Al cumplirse 90 días de consumir las cápsulas, y con el propósito de determinar el efecto del ajo en prevenir y tratar infecciones respiratorias, les pidieron a los sujetos que entregaran el diario que habían llevado con detalles acerca de su experiencia con influenza y resfriados. Por medio de ese formulario comprobaron que 55% de los que tomaban placebo habían contraído influenza o un resfriado común, versus 45% de los tratados con ajo. Esta diferencia no es impresionante ni estadísticamente significativa, pero lo que sí fue muy revelador es el hallazgo de que en aquellos que consumieron píldoras de ajo, la severidad de los resfriados fue mucho menor. El número de días con síntomas se redujo por un 61%, y el número de días laborales o escolares perdidos fue 58% menos. Estos últimos datos sí fueron muy significativos desde el punto de vista estadístico.

Quizás la idea de que el ajo espanta a los vampiros sea simplemente una ilusión. Pero este estudio ofrece evidencia creíble de que sí puede espantar los síntomas desagradables del resfriado, sin espantar a las amistades… afortunadamente las píldoras de ajo no emiten un olor ofensivo.

En esa misma columna mía anterior, presenté una hipótesis: que el ajo es capaz de repeler a la deidad boricua llamada “Juracán”. Les pedí a todos los lectores que colgaran una cabeza de ajo a la entrada de su casa, y al final de la temporada de huracanes comprobaríamos la hipótesis. Ya ustedes conocen los resultados del experimento: no hubo huracán. El ajo se apuntó otro triunfo. No olviden colgar otra cabeza fresca para la siguiente temporada. 

Las pastillas usadas en este estudio se denominan Kyolic y son manufacturadas por la compañía Wakunaga. Se pueden comprar a través del internet. También hay píldoras de otras compañías disponibles en las farmacias. Antes de que me acusen de comerciante y aprovechado, les aseguro que no tengo acciones ni en la compañía Wakunaga, ni soy dueño de farmacia alguna.  De hecho, en vez de acudir a las pastillas, yo prefiero consumir la cuota semanal necesaria de un diente de ajo, tomando diariamente una dosis pequeña de una deliciosa sopa fría conocida como gazpacho andaluz, totalmente diferente a nuestro gazpacho boricua. Además contiene otros ingredientes importantes, entre ellos el aceite de oliva virgen extra y cebolla.

Ah…y antes que se me olvide, tampoco soy dueño de una  empresa para exterminar vampiros.

Consejos de Cabecera. Prevenir y Tratar: Alimentos y vitaminas contra el cáncer”, un libro best seller que recopila las columnas médicas de Fernando Cabanillas publicadas en El Nuevo Día, está ya a la venta en la Farmacia Auxilio Mutuo y en las principales librerías de toda la isla. Los ingresos generados son donados al fondo “Adopta un paciente”, destinado a ayudar a aquellos enfermos que no cuentan con suficientes fondos para pagar los deducibles de exámenes médicos.

Otras columnas de Fernando Cabanillas

domingo, 17 de marzo de 2019

¿El Premio Ig Nobel de Medicina para Puerto Rico?

El doctor Fernando Cabanillas argumenta sobre el proyecto legislativo que obligaría anualmente a realizarse una prueba para la “detención (sic) temprana del cáncer” a todos los menores de 18 años

domingo, 3 de marzo de 2019

Once bacterias salvadoras

El doctor Fernando Cabanillas explica la función bacteriológica contra el cáncer

💬Ver 0 comentarios