Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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El alma de Rosselló

¿No han deseado nunca secretamente la oportunidad de mirar por el agujero de una cerradura hacia dentro de una habitación, sin que los que están adentro sepan que están siendo observados, se quiten, por lo tanto, la máscara que muestran al mundo y se revelen como lo que realmente son?

Esa es la preciosa oportunidad que se le presentó a Puerto Rico con la filtración ayer de las 889 páginas de conversaciones del chat entre Ricardo Rosselló y sus más cercanos colaboradores. La revelación provocó una sacudida telúrica nunca antes vivida este país que desembocó con la fulminante desintegración anoche del círculo íntimo del gobernador, que está a esta hora solo y atolondrado, sin que parezca que haya entendido, todavía, la calle sin salida en que está a causa de sus enormes carencias.

Rosselló y once de sus allegados actuaban, en efecto, como si nunca fueran a ser descubiertos. Se quitaron las máscaras de hombres de bien. Abrieron las puertas de sus almas y, como de un baúl cerrado mucho tiempo, salieron los murciélagos, las sabandijas y la fetidez.

Colgaron del tendedero que creían que nadie veía la corrupción legal y la moral, el abuso del poder, el pisoteo del débil, la estrechez intelectual y de espíritu, lo vacuo del carácter, lo diminuto, lo traslúcido y lo liviano. Volaron como palomas la homofobia, la misoginia y la burla, la politiquería y la charlatanería.

Dieron al país estas personas el espectáculo más bochornoso que hayamos visto jamás desde una esfera oficial. Fueron lo que todo padre decente no querría jamás que fueran sus hijos: abusadores, superficiales, diminutos y corruptos. El viento alzó la falda del privilegio y dejó ver lo que hay debajo. Para citar a uno de ellos: ¡fo!

Todos los que todavía tenían puestos en el gobierno, menos tres, eran anoche gente desempleada y cubierta en ignominia. Los tres que se quedaron son Ricardo Llerandi, secretario de la Gobernación; Anthony Maceira, secretario de Asuntos Públicos de Fortaleza y Ricardo Rosselló Nevares, gobernador del Estado Libre Asociado.

De los primeros dos se puede decir que sus participaciones fueron breves y sin las vulgaridades de los otros. No se puede decir lo mismo del tercero, Rosselló, el gobernador. Si hubiera que señalar a un líder de esta pandilla, es este. Si tuviera que decirse que uno de ellos era el instigador, el guía, al que los demás se esforzaban por complacer, el que llevaba la antorcha del abuso, el que sentaba el tono charlatán en que se conducían las interacciones en ese espacio, es a ese, al gobernador.

El que podía poner orden, si estuviese en sus capacidades o en sus intereses, era Rosselló.

Los demás no nos interesan mucho. Publicistas, “estrategas”, alicates, ñames con corbata, toda esa fauna que gravita alrededor de poder, esos van y vienen. Casi nadie se acuerda de quién le doblaba las medias cuando se iba de viaje, a ningún gobernador.

Los gobernadores, en cambio, salen en los libros de historia. Se le ponen después sus nombres a edificios.

El gobernador en cuestión aquí, Rosselló se dejó ver de alma entera en el chat y el panorama no es bonito.

Allá venía Carlos Bermúdez, asesor de prensa, a hacer comentarios homofóbicos sobre diferentes políticos o insinuaciones indecentes sobre una periodista y ahí estaba el gobernador riéndole las gracias. Allá venían los adolescentes Ramón Rosario (de quien se dice, imaginen, que codiciaba una silla en el Tribunal Supremo) y Christian Sobrino a decirle “gatita” a Natalie Jaresko y ahí estaba el gobernador sin decir ni pío.

Ahí se le ocurrió al gobernador, como si todavía estuviera en el octavo grado del Colegio Marista, burlarse de un muchacho enfermo de obesidad mórbida, fanático de él según se dice, para burlarse de su condición. Ahí andaba el gobernador pa’ arriba y pa’ abajo con la palabra vulgar para referirse al órgano sexual masculino siempre en la boca, sobre todo para referirse a este periodista.

Ahí se burlaron de los muertos apiñados en el Instituto de Ciencias Forenses. Se burlaron de la muerte de los independentistas Carlos Gallisá y Marta Font. Se burlaron de la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, del senador Eduardo Bhatia y del exsenador Roberto Prats, a quien parece le tenían una saña especial. Le dijeron en palabras finas prostituta a la senadora del PNP Evelyn Vázquez.

El gobernador nunca dio un detente. Nunca quiso poner orden. Pasaban horas en relajos y cuando a veces, como por casualidad, se colaba un asunto importante de gobierno, lo despachaban rápido. En esos casos, solo Elías Sánchez, quien no es funcionario, sino cabildero, prestaba atención, quizás porque para eso estaba ahí, para identificar oportunidades de negocio para sus clientes, cosa que de seguro será del interés de las agencias federales que lo investigan.

El chat revela que al gobernador que venía a sacar a Puerto Rico de la quiebra y a traer la estadidad, el ingeniero bioquímico graduado de MIT, al doctor de la Universidad de Michigan, lo embobaban haciéndole creer que los sondeos fatulos por internet de los medios de comunicación tienen algún significado o importancia.

Se ponía contento y daba hurras cuando ganaba uno, gracias a las manipulaciones dirigidas por su publicista, Edwin Miranda, tal parece que con fondos públicos. Sacaba el gobernador 90% de aprobación en un sondeo de Radio Tontería y eso lo ponía súper contento.

En resumen, aquel muchacho que se vendió como la encarnación de todas nuestras aspiraciones, el que nos iba a llevar de su mano fulgurante hacia la tierra prometida, era en verdad un ser pequeño, superficial, abusador de vulnerables, cuya incapacidad para entender que ser gobernador no tiene que ver, como creímos muchos, con su nula experiencia laboral, sino con defectos fundamentales de su carácter.

Ayer, en pocas horas, se derrumbó lo que le quedaba de un gobierno que venía resquebrajándose por mucho tiempo bajo el peso de la incompetencia y la incapacidad. Perdió el apoyo de todo el mundo. Pero él no lo ha entendido. Cree que puede seguir. No acaba de ver que la trillita se acabó.

Ayer en la tarde, se le vio solo por el Jardín Hundido de Fortaleza, cabizbajo y meditabundo, mirando su celular. Quizás buscaba algún sondeo de internet que le devuelva la ilusión de que puede gobernar.

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