Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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El Almirante y las flores del “meaíto”

Esta semana, avisa la Comisionada Residente, la Casa Blanca hará el anuncio que tenía desde hace tiempo en remojo: un monitor será nombrado para actuar como “coordinador federal para los asuntos de Puerto Rico, incluyendo el proceso de recuperación del país”.

El monitor no es un burócrata. Eso creíamos, pero no, parece que han nombrado a un lince, un hombre duro que arrastra un pedigrí que poco a poco iremos conociendo. El que ha de controlar, junto a su equipo —porque tendrá su equipo—, la entrada del dinero federal a Puerto Rico, más la manera en que se irá invirtiendo, es un almirante asesor del Homeland Security, Peter Brown, y ya nos vamos dando cuenta, los que nos queramos dar cuenta, por qué Ricardo Rosselló está lejos.

El verano del 19 viene a coronarlo ahora el Almirante Brown, con su impecable uniforme de gala, charreteras doradas, insignias y medallas que parecen ser múltiples y rutilantes.

Conoce La Fortaleza, cómo no. Pasó un buen rato allí, visitando a Rosselló, hace dos años y pico. Lo escuchó atentamente, todo lo atentamente que se puede oír a un hombre que ya tenía su destino marcado. Hay fotografías de ese encuentro, de Rosselló sentado junto al Almirante Brown, cuando este último representaba al U.S. Coast Guard Seven District. Sospecho que lo mandaron a tasar el material e hizo su informe. Después de eso pasó el huracán. El verdadero y el figurado.

En enero, a raíz de los terremotos, el secretario de Estado, Elmer Román, y el presidente de la Junta de Control Fiscal, José Carrión, establecieron comunicación inmediata con el Almirante Brown, que seguro que ya estaba al mando. Carrión se reunió con él en Washington.

Una vez más, resuena en mis oídos esa famosa línea de la canción de Lennon: “Life is what happens to you when you’re busy making other plans”. Aquí estábamos “busy”, demasiado “busy”, marchando bajo aquel aguacero torrencial para pedirle la renuncia a la gobernadora Vázquez. Los muñequitos ya habían cambiado. La vida ocurría en otro lado y nosotros estábamos haciendo planes con los graffitis. Y si en enero no se anunció lo que ahora es inminente, fue porque a los terremotos reales no se le quiso añadir un sismo político tan franco y definitivo: la autoridad máxima en un país cuyo gobierno está en quiebra, sus calles destrozadas, sus niños sin escuela, el suroeste sin brazos para la agricultura (que ésa es otra de la que ya hablaré), y la negación flotando con ideas fantásticas sobre las elecciones, será el Almirante Peter Brown.

¿Qué le pedirán a él, que renuncie? Está difícil.

Los flamantes candidatos, todos ellos, tendrán que enfrentar esta situación, y las que se deriven de un giro de esa magnitud. Políticamente, no les es dado prometer ni un chicle, porque el país depende totalmente de los fondos de FEMA, del Departamento de la Vivienda federal, de tantas otras agencias del gobierno de los Estados Unidos. Y al mando del buque, Peter Brown. 

A nadie le gusta escuchar esto, y lo comprendo. Pero la negación es también una superchería colonial. Por eso ahora, ante la trascendental movida, valdría la pena recomponer el discurso. Pensar el futuro desde una perspectiva sólida, que desmenuce más la realidad, que no le mienta tanto a la gente. Porque mira que se miente desde un lado y otro. Con tal de hacerse con el aplauso fácil, caen las inspiradas trolas como las flores del tulipán africano, dícese “meaíto”, ese palo obstinado que el Almirante habrá de ver por la ventana, quién sabe durante cuánto tiempo.


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