Nathaniel Velázquez

Punto de Vista

Por Nathaniel Velázquez
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El aprendizaje en la cuarentena

No podía creer que en cuestión de un fin de semana ya no iba poder regresar a la escuela debido a la pandemia del COVID-19. Sin embargo, mi padre me habla mucho de las ventajas que hoy tengo para aprender y menciona los líos que él como estudiante tenía con las viejas máquinas de escribir y los retos de los tiempos en que no existía el internet.

No obstante, dudo que haya pasado la mitad de que lo nosotros vivimos ahora para poder graduarnos. Fuimos los que después del huracán María y luego de los terremotos aprendimos con emails y con Whatsapp. Ahora, el gobierno firmó una orden ejecutiva para que nadie salga de sus hogares. En las conferencias de prensa nos dicen que no nos preocupemos, porque no vamos a perder las clases.  Pero ni entiendo por dónde va el asunto porque todo el mundo tiene una opinión distinta de lo que está pasando. Yo, mientras, lo único que quiero es aprender, aunque sea en cuarentena.

Estuve dos días sin tomar clases mientras estructuraban el nuevo programa de estudios. Aprender con el nuevo sistema me parece algo interesante porque la opción de pasarme el día en Facebook, riéndome de memes o conspiraciones, no funciona para mí. Ahora, de la noche a la mañana, todo el mundo está en Zoom, Google Classroom y otras aplicaciones que ni sabía que existían. Mientras, los maestros nos hacen preparar vídeos caseros y, en mi caso, hasta monté un cuento con dibujos de Doodle. En mi casa,  mami, a quien no le gustaba mucho la computadora, ya nos ayuda para poder tomar las clases por internet. 

Durante la cuarentena me levanto bien temprano todos los días, para poder realizar los trabajos de escuela. Mis maestros siempre están dispuestos para ayudarme, pero a veces papi, mami y “Youtube” son mis maestros. No es lo mismo estar tomando clases via internet que de forma presencial. Yo sé que los maestros entienden eso y por eso están haciendo todo lo posible para que podamos aprender desde la distancia.

Mi generación no la ha tenido fácil, aunque admito que la de mis padres tuvo también sus desafíos. Este año comenzó de manera interesante. En enero la tierra “bailaba” y no fue hasta febrero que empecé las clases. Todos los puertorriqueños hemos aprendido a ser resilientes. Nos caemos, pero nos levantamos rápido. Muchos acontecimientos nos han impactado, pero con los viejos he aprendido que en poco tiempo se puede hacer mucho.

Tengo la suerte de que mis maestros siempre están bien pendientes de mi. Todos los días me envían mensajes de texto. Algunos los sigo en Facebook y comparten conmigo y con otros alumnos sus experiencias. Me dicen que el virus lo eliminamos unidos, y que no salga de mi casita. 

Desde la academia me escriben y me doy cuenta de que es parte de su vocación de su compromiso educativo. Siento que es importante que me escriban porque, aunque a algunos no les gustaba la tecnología, ahora la han tenido que aprender a usarla con más frecuencia.

Yo no quiero que mis maestros se enfermen, ni tampoco mi familia. En mi casa estoy seguro y el virus no puede entrar en mi cuerpo. Si por alguna razón, mi padre tiene que salir, usa una máscara N95 y guantes de plástico. Hace poco, hasta se puso un casco y parecía un astronauta. Cuando regresa a la casa, deja sus zapatos afuera y se baña antes de volver a tener contacto con nosotros. Yo estoy seguro de que otros que tienen que salir a la calle hacen lo mismo, menos ponerse el casco. ¡Esas cosas solo las hace mi padre!

De la alimentación no me quejo. Mi mamá cocina muy bueno. Ahora está hecha una panadera. Yo estoy comiendo mucho y más a menudo. Ahora peso 20 libras más y ya la ropa no me sirve. En casa nadie se aburre. Papi siempre tiene ideas creativas para ponernos a trabajar. Ahora mis padres quieren ser agricultores. Realizan limpieza con mangas a presión y hasta nos quieren poner a pintar la casa. Creo que debe haber alguna ley sobre los derechos de trabajo a los menores…Nada, aprendemos mucho y a veces nos pagan. Me alegro de tener como buena excusa la tarea aprender en mis clases. Si no, me tendrían de obrero 40 horas a la semana. 

La cuarentena en la casa puede ser algo estresante. Sin embargo, aprender en este salón de clases doméstico ha sido toda una aventura. Ahora podemos pasar más tiempo en familia, aunque algunas veces cansa, sobre todo cuando a mi hermana no le gusta perder en los juegos.

A pesar de los retos, es significativo tener una actitud positiva en todo momento. No importa donde estemos o las circunstancias, a la hora de aprender, lo que vale más es estructurarnos para continuar dando lo mejor de nosotros y convertirnos en el buen futuro de Puerto Rico. Granito a granito vamos a alcanzar nuestras metas


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