Celestino Matta Méndez

Punto de Vista

Por Celestino Matta Méndez
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El arduo camino de la gobernadora

“No soy política”. “No me interesa la gobernación”. Estas fueron frases pronunciadas por la licenciada Wanda Vázquez en su precipitada ocupación de la gobernación.  

Fueron frases que impactaron a nuestro pueblo y lo llenaron de esperanza de que asumía el poder una servidora pública, desvinculada de aspiraciones y motivaciones políticas, sin intereses de beneficiarse a sí misma.  Una persona con el genuino y patriótico interés de laborar, de servir, para bienestar del pueblo. Llegaba a su posición por disposición de ley, sin deberse a nadie, sin ataduras con nadie, ni siquiera con un partido político. Una servidora pública de carrera.  

Pero la nueva gobernadora comió y durmió en palacio, su nueva casa en La Fortaleza. Y comenzó su metamorfosis hacia el campo de la política. Poco tardó en declararse candidata a la gobernación en las próximas elecciones, bajo la enseña de un partido político. 

Y así comenzó su enfoque y actividad política. Se ha visto involucrada en múltiples alegaciones de falta de veracidad y verdades a media en sus expresiones, e inclusive de estar limpiando el entorno de su gobernanza de funcionarios que no apoyen su candidatura a la gobernación; de estar asegurando compromisos y lealtades a sus aspiraciones políticas.

Se ha lanzado de lleno al ruedo político-partidista donde no hay compasión, la crítica es destructiva, y a muy poco, o a nada, se le reconoce mérito. Es un contrincante más que tiene que aprender a defenderse y a no esperar ningún tipo de consideración de sus adversarios políticos; inclusive dentro de su propio partido. Un campo donde las lealtades son escasas y muchas las traiciones y desilusiones. Y esto requiere considerable tiempo y esfuerzo, lo cual puede llevar a desviaciones de una entera dedicación al servicio público; de una entrega efectiva al servicio que nuestro pueblo tanto necesita y espera de ella. 

Y en ese ruedo político la señora gobernadora tiene que obrar con extremo cuidado y prudencia para mantenerse dentro de lo que es un genuino servidor público, sin convertirse en un servidor- público político activo de los cuales tenemos a tutiplén.  

El servidor- público político activo lo describe el fenecido juez de nuestro Honorable Tribunal Supremo, Don Jorge Díaz Cruz, en el caso de González vs. Secretario del Trabajo, del 5 de octubre de 1978. Expone el Honorable Juez:  

“En Puerto Rico aspiramos a que el personal gubernamental forme un cuerpo de servidores públicos eficientes, honestos y que en su escala de valores guarden mayor lealtad a su compromiso de servir al pueblo en las distintas áreas que su vocación les ha llevado a ocupar, que al fervor eleccionario por dominar el poder público y envolver los empleados en los vaivenes del patronazgo político.”

“…la figura absurda del servidor-público político activo convierte al empleado en agente destructor de la objetividad esencial para servir al pueblo; en sujeto que se ampara en la concha de seguridad de su empleo para servirse a sí mismo; con más sentido de propósito inclinado hacia su bienestar personal y éxito en sus aspiraciones políticas, que lealtad al servicio público. ¿Cuántos empleados públicos, candidatos a elección o inmersos en campaña podrán resistir la tentación de utilizar los medios y recursos que el empleo pone a su alcance para premiar partidarios y castigar los adversarios? ¿Qué podrá contener la sutil represalia y la callada venganza del empleado público derrotado en sus planes políticos?...La incompatibilidad entre servir al pueblo y servirse a uno mismo hiere la retina.”     

El reto es grande para la señora Gobernadora. Tiene que mantener un justo balance entre adelantar sus aspiraciones políticas, capeando tormentas politiqueras, y ejercer su gobernanza con una legítima y principal mirada en el bienestar de su pueblo. A gobernar siguiendo ese camino arduo donde el bienestar del pueblo se antepone a todo; a seguir ese camino que solamente lo caminan los patriotas, de los cuales nuestro pueblo ha estado huérfano por muchos, pero muchos años, y cuya carencia nos ha llevado a una infame quiebra.   

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