Benigno Trigo

Punto de vista

Por Benigno Trigo
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El arte de lavarse las manos

Hoy, las ciudades en todo el mundo se debaten si abrir o no sus negocios. Unos dicen que la salud económica es lo más importante. Otros dicen que es la salud física. Yo me pregunto si los términos del debate (económicos o médicos) sugieren que estamos olvidando ya lo que aprendimos en la cuarentena.

Antes de salir de mi casa hoy, me picaba la nariz. Antes del COVID-19, me la hubiera rascado con la mano sin pensarlo dos veces. Pero hoy no fue así. Fui a la caja de Kleenex que tenemos en la mesa del comedor. Saqué un pañuelo, y me soplé la nariz. Me la soplé duro, y recordé que mi abuela, hacía más de cincuenta años, me oyó soplándome la nariz y me dijo, calladamente, que no me la soplara tan duro porque se me iba a reventar algo.

El recuerdo me llevó inmediatamente a otra lección memorable de mi abuela, que también tiene que ver con la era del COVID-19. Visitaba su casa en Ponce, y dormía (no sé por qué) por primera vez en el cuarto de las visitas, que tenía su propio baño. Mi abuela me llevó al inodoro, me sentó, y tiró del papel higiénico, exactamente dos hojas. Me dijo “-- Beni, cuando vayas al baño, recuerda que solo tienes que usar dos hojas de papel”. Y me enseñó cómo doblar el papel dos veces para limpiarme el trasero, delicada pero eficientemente.

En aquel momento me burlé de las lecciones de mi abuela. Hoy pienso que fueron lecciones sobre la importancia de las ceremonias de lavado y los rituales de limpieza que son necesarias para volver a vivir en sociedad, después de nuestro contacto necesario con la precariedad de nuestro cuerpo. Son las mismas lecciones que hemos aprendido hoy durante la cuarentena.

Tal vez la más importante sea la que me enseñó mi abuela hace tantos años. Hay que lavarse las manos. Y no solo hay que lavárselas, sino que hay que lavárselas imposiblemente, hasta debajo de las uñas. Hoy sabemos que tenemos que lavarnos las manos por veinte segundos, y todos sabemos que eso es lo que dura cantar Happy Birthday dos veces. ¿Cuál es el sentido de estas abluciones que nos enseñaron nuestras abuelas y que volvemos a recordar hoy?

El lavado del cuerpo es una ceremonia antiquísima que muchas (si no todas) las religiones han vuelto rituales, y que hacen posible la transformación del cuerpo sin vida a la nueva vida que nos permite salir de nuestra cuarentena para volver a vivir en sociedad. Ceremonias humildes como el arte de lavarnos las manos, soplarnos la nariz, o limpiarnos el trasero son rituales que nos recuerdan nuestra mortalidad, y nos ayudan a transformarla para vivir en sociedad.

Ni la medicina ni la economía son suficientes para salir de la cuarentena. El regreso a la sociedad depende de las ceremonias que nuestras abuelas nos enseñaron. Como ellas, tenemos que confrontar nuestra mortalidad y transformarla con arte.


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