Kenneth Rivera Robles

Tanque de ideas

Por Kenneth Rivera Robles
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El arte económico de la guerra

Han ocurrido varios eventos entre Estados Unidos (EE.UU.) e Irán y se tiene la preocupación de si estos podrían causar un conflicto bélico mayor. Estos incluyen el ataque a la Embajada de EE.UU. en Bagdad y la muerte del oficial iraní Qassem Soleimani. Discutiremos las posibles consecuencias económicas de ocurrir una guerra.

La primera preocupación en un conflicto bélico entre EE.UU. e Irán es la posible limitación de acceso al petróleo. Por su condición geográfica, Irán puede tratar de bloquear el acceso al Estrecho de Ormuz por donde se exporta dicho producto desde esa área. Antes de la muerte de Soleimani el barril de petróleo, usando la medida de Brent, estaba cerca de $66 por barril, y luego de su muerte llegó a subir hasta casi $70 por barril. Sin embargo, esta semana ya se había reducido a $64 por barril. En el pasado, esta situación era más preocupante para EE.UU. pues dependían grandemente del petróleo de dicha región. Sin embargo, ahora mismo EE.UU. es el mayor productor de petróleo del mundo, pues su producción diaria de barriles de petróleo ha aumentado de 5 millones a 13 millones. En este momento, más de la mitad del petróleo que se consume en EE.UU. —unos 21 millones de barriles diarios—, es de extracción local. Como sea, más del 20% del petróleo del mundo pasa por el Estrecho de Ormuz y usualmente los precios se determinan a nivel mundial, así que, aunque el efecto es menor, no dejaría de tener un impacto a nivel mundial si se limita el acceso a dicho combustible. De hecho, por ser un productor tan grande de petróleo y haber desarrollado industrias relacionadas, hay personas que dicen que la limitación al acceso de petróleo de Medio Oriente podría ser positiva para EE.UU. El día de la muerte de Soleimani también aumentó el precio del oro, considerado una inversión estable, pero al igual que el petróleo volvió a reducir.

Se ha dicho que los conflictos bélicos tienen efectos económicos positivos pues el gobierno gasta más y si dicho consumo ocurre en bienes producidos localmente puede causar un crecimiento económico. El ejemplo clásico de esta aseveración es la Segunda Guerra Mundial. Este fue el conflicto bélico más costoso en la historia de EE.UU. y se dice que fue la que le “rescató” de la Gran Depresión de los años 30. En los artículos “Economic Consequences of War on the US Economy” del Institute for Economics and Peace y “Top Economists say War is Bad for the Economy”, de Barry Ritholtz, estos temas se discuten en detalle.

Ambos artículos concluyen que esto no es necesariamente cierto. Primero, en ese caso había una economía con un alto número de desempleo, una gran parte de la producción militar era manufacturada en EE.UU. y el gasto llegó a ser casi 45% del producto interno bruto (PIB). Sin embargo, pensar que en este momento ocurriría una mejoría similar no es necesariamente correcto. Por un lado, ahora mismo en EE.UU. el nivel de desempleo es sumamente bajo, ya las armas y equipo bélico no se manufacturan en ese país y en ningún otro conflicto bélico estadounidense se ha gastado tanto en proporción a su PIB. A nivel de Puerto Rico, gran parte de los uniformes y calzado militar que compra el Departamento de Defensa son manufacturados localmente. Esto es debido a la Enmienda Berry, que requiere a dicha agencia comprar todo dentro de EE.UU. y para dicha regla Puerto Rico se incluye en esa definición.

También hay que considerar el costo de oportunidad. Lo gastado en actividades bélicas podría invertirse en áreas que estimulen la economía a largo plazo como podría ser educación, infraestructura o tecnología.

Otra área negativa es el posible aumento en ataques terroristas. Esto además del costo humano y la creación de un alto nivel de incertidumbre, tiene un costo real de prevención. Otra vez estas cantidades posiblemente podrían ser utilizadas más estratégicamente en otras áreas.

Los conflictos bélicos cuestan muchísimo y esto usualmente viene acompañado de mayores impuestos o del aumento de deuda. Es más fácil aumentar impuestos u obligaciones contributivas durante el tiempo de guerra, pues se apela al sentimiento patriótico. Por ejemplo, la primera contribución sobre ingresos en Estados Unidos se impuso durante la Guerra Civil. Luego de la Guerra Civil se eliminó. De hecho, el Tribunal determinó que era hasta inconstitucional. Dicho impuesto se adoptó nuevamente, mediante una enmienda a la Constitución Federal en el 1913, al umbral de la Primera Guerra Mundial. Por otro lado, el mecanismo de las retenciones, que permitió cobrar más impuestos pues ahora se hacían a “cómodos” plazos, se adoptó a nivel nacional en 1943 como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. En el pasado las guerras se trataban de pagar de forma corriente, pero en los últimos 200 años se ha utilizado el financiamiento para pagar los conflictos. Esto ha permitido a los políticos el no tener que aumentar impuestos, que es una media antipática, y meramente tomar prestado. Los préstamos pueden ser emisión de deudas y/o bonos del gobierno o tomar dinero prestado de otras fuentes. A este último modelo se le llama “Hide and Seek” en el libro “Taxing Wars” de Sarah Kreps. De acuerdo a Kreps, este mecanismo permite eliminar del ojo público el costo económico real del conflicto bélico. De hecho, durante las guerras con Irak y Afganistán, los impuestos se redujeron, fueron pagadas prácticamente con deuda y aumentó el déficit nacional.

No parece que una guerra sería de gran beneficio en este momento desde el punto de vista económico. Si sumamos el factor humano como la pérdida de vidas y los nefastos efectos sociales, parecería hacer menos sentido aún.

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sábado, 22 de febrero de 2020

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