Jaime Lluch

Punto de vista

Por Jaime Lluch
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El autonomismo estático

El ELA es hoy en día una forma de autonomismo subordinado que no ha evolucionado desde el 1952: se ha quedado estacionario, e incluso hemos visto un retroceso. Además de su subordinación antidemocrática, es la quintaesencia de un autonomismo estático.

Las sociedades nacionales sub-estatales ubicadas en (o en la órbita de) democracias liberales exhiben fluctuaciones políticas. La naturaleza del autonomismo (no la profundidad del mismo) es lo que explica por qué Escocia y Catalunya han visto un crecimiento en su orientación secesionista, mientras que Flandes y el Tirol del Sur se han mantenido con una orientación no-secesionista, según una de las autoridades en este campo (André Lecours 2019). Cuando el estado central mantiene en la unidad sub-estatal un autonomismo estático que es visto como un arreglo constitucional final, eso estimula las orientaciones secesionistas, mientras que cuando el estado central ofrece un autonomismo flexible, que cambia, se ajusta y evoluciona hacia más autonomía, eso estimula las orientaciones no-secesionistas (Lecours 2019).

El autonomismo es dinámico cuando uno ve reformas constitucionales hacia más autonomía a través de las décadas. Además, cuando uno ve que el estado central hace un compromiso creíble para ajustar, expandir y profundizar su autonomía. Para que el autonomismo sea visto como creíblemente dinámico tiene que existir un compromiso sólido en los partidos políticos, en las tradiciones y estructuras constitucionales y en el parlamento del estado central (p.ej., Westminster, el Congreso, o el Parlamento en Ottawa) para garantizar que la autonomía concedida pueda evolucionar expansivamente. Además, tiene que existir una vía constitucional que permita tal mejoría (Lecours 2019: 11).

En Flandes, para el 1970, se sentaron las bases para un autonomismo flamenco dentro del estado belga. Una segunda reforma del estado belga en 1980 impulsó una evolución en la ruta hacia más autonomía para Flandes y Valonia. Una tercera reforma descentralizadora ocurrió en 1988, y en 1993 otra reforma convirtió a Bélgica en una federación de jure. Una quinta reforma en 2001 les concedió más autonomía fiscal a las regiones de Flandes y Valonia. Es por eso que no hemos visto en Flandes una avalancha secesionista como en Catalunya o Escocia. Igualmente, Tirol del Sur, en Italia, desde el 1948 ha tenido dos Estatutos de Autonomía y se entiende que su autonomía es dinámica, provista constitucionalmente por la Comisión de Seis. Por eso, el partido dominante (el Südtiroler Volkspartei) se ha mantenido autonomista.

Los casos contrarios serían Catalunya, Escocia y Puerto Rico. Catalunya tiene un estado central que ha interpretado el Estado de las Autonomías como un sistema estático. Entre el Estatuto de Autonomía del 1979 y el Estatuto del 2006 (que fue socavado por el Tribunal Constitucional en 2010), ha quedado claro que la autonomía catalana es estática, causando el vertiginoso crecimiento del soberanismo (Lecours 2019).

El caso de Puerto Rico es un enigma: uno esperaría un gran crecimiento en el soberanismo en vista de nuestro status hiper-estático. Ciertamente, el PIP no despunta. Lo curioso de Puerto Rico es que el descontento con nuestro status quo estático se canaliza hacia un soberanismo tímido/difuso dentro del PPD y hacia un sentimiento federalista en busca de dignidad, que se echa a perder en ese enjambre corrupto conocido como el PNP.

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