Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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El azúcar y el cáncer

Todavía recuerdo vívidamente un incidente en que una de mis pacientes, que ya dejó de serlo, vino a su cita visiblemente alterada y recriminándome de forma apasionada porque en la recepción del Centro de Cáncer habíamos colocado unos bombones para cualquiera que le interesara endulzarse el paladar. Acto seguido, luego de propinarme un enérgico regaño, procedió con una disertación acerca del daño que hace la azúcar a los pacientes con cáncer, preguntándome si yo no sabía que el cáncer se alimenta de la azúcar. Este tema de las azúcares se ha convertido para muchos pacientes en un credo incuestionable e irrebatible. 

Después de morderme la lengua y escucharla sin interrumpirle su lección, procedí a explicarle que sí, que ella tenía razón en que el cáncer se alimenta de la azúcar, pero también lo hacen el cerebro y el resto de las células normales del cuerpo. Si bajamos la azúcar a cero en la sangre, sin duda mueren todas las células de cáncer junto con el paciente. Pero esto, además de no ser deseable, tampoco es posible, porque el dejar de comer azúcar tampoco la va a reducir en sangre ni a cero ni remotamente cerca de cero.

De acuerdo a la Asociación Americana del Corazón, dependiendo del sexo, las mujeres no deben ingerir más de 6 cucharaditas de azúcar diariamente, y los hombres no más de 9 cucharaditas diarias.  Una lata de un refresco carbonatado contiene 8 cucharaditas de azúcar. El promedio del consumo diario de azúcar en EE.UU. es de 22 cucharaditas diarias. A esto hay que añadir el hecho de que consumen en su dieta poco menos de un cuarto de libra de azúcar diariamente.

No debemos descuidar que hay otros alimentos que contienen o que se convierten en glucosa en el cuerpo, tales como el pan, el arroz, algunos vegetales, frutas, pastas, leche, y la miel entre otros. Pero de todos, los más sobresalientes ofensores son las bebidas carbonatadas, las cuales se deben evitar a como dé lugar. 

El azúcar refinado y sus peligros

El llamado azúcar refinado es otro ángulo interesante. Hace ya tiempo se viene hablando de las desventajas del azúcar refinado, que es el que usualmente se le añade a las bebidas carbonatadas y a las comidas procesadas. El azúcar refinado es un azúcar que ha sido extraído del melao de la caña para hacerlo sólido y de color blanco.  

El azúcar refinado tiene una mala reputación. Veamos por qué. Lo que conocemos como azúcar, la que le añadimos, por ejemplo, al café, es sacarosa que consiste de una combinación de dos tipos de azúcar, 50% fructosa y 50% glucosa. El “azúcar natural”, derivado de las frutas, contiene alrededor de 55% fructosa y 45% glucosa, por tanto, no es tan diferente al azúcar refinado y al azúcar natural.  La realidad no es que el azúcar natural sea superior, es que el azúcar refinado se absorbe rápidamente por el intestino especialmente cuando se consume en bebidas carbonatadas y además no produce la sensación de saciedad, o de sentirte lleno. Al absorberse rápidamente del intestino, el azúcar refinado aumenta el nivel de glucosa en la sangre y en respuesta a este acelerado aumento del nivel de glucosa, el páncreas se ve forzado a producir una considerable cantidad de insulina. La insulina es obligatoria para que las células del cuerpo puedan utilizar la glucosa, porque le permite la entrada a su interior.

En contraste con el azúcar refinado, el de las frutas se absorbe más paulatinamente porque la fibra de las frutas causa que la digestión y la absorción en el intestino sean más lentas. Además, gracias a la fibra, uno se siente más lleno y por ende termina ingiriendo menos cantidad de azúcar que cuando la consumes de las bebidas carbonatadas. Como resultado, la carga de glucosa en la sangre es menos y la producción de insulina después de comer frutas no es tan marcada como con el azúcar refinado. Como explicaré más adelante, este dato puede tener gran importancia. La idea prevalente de que el azúcar en las frutas es superior al azúcar refinado no es correcta. La diferencia es la forma como el cuerpo maneja una versus la otra.

Cuando el cuerpo se enfrenta repentinamente a una alta carga de azúcar en la sangre como ocurre con las bebidas carbonatadas, no la puede utilizar toda y ¿qué hace para remediar esto? Con tal de no desperdiciarla, la convierte en grasa causando obesidad y un exceso de grasa a su vez causa resistencia a la insulina. Por eso es que los diabéticos tipo 2 casi siempre son obesos, porque la obesidad le causa resistencia a la insulina. No es porque no puedan producir insulina, sino lo contrario, producen mucha insulina, pero el cuerpo no responde normalmente a la insulina debido a la resistencia inducida por la obesidad. Eventualmente, después de mucho tiempo, el páncreas se agota de tanto producir insulina y deja de producirla, empeorándose así su condición.

¿Y los azúcares naturales tales como la miel, el jarabe de arce (“maple syrup”) y los néctares de agave son más saludables que el azúcar refinado? El contenido de calorías es el mismo que en el azúcar regular y no tienen la fibra beneficiosa de las frutas, por tanto, no son superiores excepto quizás porque contienen más antioxidantes.

Azúcar y cáncer

Muchos piensan que ingerir azúcar excesivamente es lo que causa la diabetes, pero esto no es correcto. Lo que el exceso de azúcar sí causa es obesidad, que a su vez causa resistencia a la insulina, lo cual puede iniciar la diabetes tipo 2. La diabetes tipo 2 se ha asociado con algunos tipos de cáncer como el de mama, vejiga, colon, útero y páncreas. Sabemos que el denominador común de la diabetes tipo 2 y estos tumores es la obesidad.  ¿A qué se debe esto? Se piensa, aunque esta hipótesis no se ha comprobado todavía, que el exceso de insulina y de su primo hermano, el IGF, son factores de crecimiento para las células cancerosas. Por tanto, la diabetes y el consumo exagerado de azúcar, especialmente la refinada, pueden estar implicadas en la iniciación o al menos en el avance del cáncer.

¿Y si el azúcar es problemática, cuán seguros son los edulcorantes o “endulzadores” artificiales tales como Sweet and Low, Equal, Stevia y Splenda? En experimentos en ratas de laboratorio, cuando algunos de estos edulcorantes se administran en dosis sumamente altas, pueden inducir cáncer. A pesar de que los modelos de animales experimentales son poco eficaces en predecir la toxicidad de un producto en humanos, cuando sí identifican algún efecto toxico como el cáncer, hay que subir bandera. Hasta ahora no se ha identificado estos endulzadores como cancerígenos en humanos, pero no es mala idea evitarlos o al menos usarlos muy juiciosamente. 

En fin, como todo en la vida, la moderación es la clave. Un bombón no te va a matar de cáncer, pero si te comes cien, esto puede conllevar riesgos a tu salud. También es importante señalar que dejar de comer azúcar no te va a curar del cáncer si ya lo tienes, pero puede ayudar a disminuir algo el riesgo de adquirirlo, porque evitas la obesidad. 

Mi paciente no tenía razón en su histeria por el bombón, pero después de todo, tampoco estaba demasiado lejos de la verdad.

En resumen, no debemos simplificar un tema tan complejo como lo es el cáncer reduciéndolo a un simple bombón. Para tranquilidad de todos, ya no colocamos bombones en la recepción.

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