José D. Alfonso

Tribuna Invitada

Por José D. Alfonso
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El boicot no vació las urnas

La Encuesta de El Nuevo Día que publicó el viernes, 1 de junio de 2017, mostró un resultado que sorprendió: 7 de cada 10 electores inscritos dijeron que irían a votar en el plebiscito del pasado domingo, 11 de junio.

Como encuestador, y a cargo de esta medición para El Nuevo Día, expresé en varios foros que esa proporción parecía inflada y que al final sería más baja, entre un 45% y 50%. En ese momento expliqué que las entrevistas de La Encuesta se hicieron a más de dos semanas del plebiscito, entre el 24 y 26 de mayo. La experiencia nos ha mostrado que en los días previos a los eventos electorales hay cambios de postura y de certeza de salir a votar, en especial entre quienes ven sus ideales más rezagados en la contienda.

Esto mismo fue lo que sucedió, aunque a una magnitud impensable. Según los datos finales de la Comisión Estatal de Elecciones, la participación electoral en el plebiscito fue de 517,216 papeletas depositadas, equivalente a un 23% de participación electoral sobre la base de inscritos.

Hubo varios eventos que afectaron el panorama del plebiscito luego de completada La Encuesta entre el 24 y 26 de mayo. Primero, los propios resultados del sondeo mostraron las opciones del actual estatus territorial y de la libre asociación o independencia muy rezagadas, con 16% y 15% respectivamente, frente a la estadidad, con 66%. Resultados como estos cambian la opinión pública y afectan a quienes defienden los ideales que están más distantes en la contienda.

Además, vimos un empuje mediático impresionante a favor de la estadidad, utilizando todo tipo de mensaje. El Partido Popular Democrático puso a hablar a todas sus voces del pasado. Y aquellos que estaban ansiosos de escuchar un pronunciamiento por parte del Departamento de Justicia federal sobre el plebiscito se quedaron esperando.

Para tener el cuadro más claro, desde el pasado domingo se comenzó a llamar por teléfono a todos los participantes de La Encuesta que habían indicado que irían a votar ese día para saber si, en efecto, llegaron a las urnas, o si decidieron no salir a votar. Entre estos últimos también se les preguntó las razones que tuvieron para abstenerse. Cada encuestado podía mencionar múltiples razones.

Los resultados de este ejercicio son claros y contundentes. Las razones principales para la abstención muestran un cuadro de apatía, desmotivación y suspicacia, por encima de la militancia con los partidos que pidieron un boicot a sus seguidores.

Dos de cada tres, un 66%, señalaron que no encontraron el tiempo para ir a votar aunque les hubiese gustado. Aquí se agrupan razones como tener que trabajar y atender otros compromisos, posiblemente incluyendo un pasadía en la playa.

La mitad de quienes no fueron a votar, el 50%, se amparó en la falta de validez del plebiscito, al entender que no era vinculante o que no estaba del todo avalado por los Estados Unidos.

Para una tercera parte de este grupo de abstenidos, el 34%, su decisión de no ir a votar se tomó al ver que el resultado estaba claro y que había una opción con una ventaja absoluta. Una proporción igual, del 32%, sintió que la falta de transparencia en el proceso le desmotivó para salir a votar el pasado domingo.

También hubo quien sintió que su voto no hacía falta, pues no hubiese hecho diferencia en los resultados. Así pensó el 27%.

Tal vez una de las razones más reveladoras está en el 24% que dijo que después de analizar bien el cuadro completo, el plebiscito le pareció un truco del Partido Nuevo Progresista y del gobernador Ricardo Rosselló, incluyendo el lenguaje de las opciones en la papeleta.

Apenas un 7% aceptó, como razón para la abstención, el haber seguido las instrucciones de su partido de boicotear la consulta. Y otro 7% dijo que otra persona le hizo cambiar de opinión para no ir a votar.

Para nosotros los encuestadores, hay una clara lección que tenemos que comunicar mejor: un sondeo que no se realice a pocos días del evento electoral está sujeto, más que nunca antes, a las fluctuaciones típicas de la recta final, incluyendo la creciente apatía al voto.

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