Jorge Farinacci Fernós

Tribuna Invitada

Por Jorge Farinacci Fernós
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El bono de Navidad no es un aguinaldo

En lo que se ha convertido una tradición anual, nuevamente vemos una oleada de solicitudes de los patronos para eximirles del pago del bono de Navidad a sus empleados. Como resultado, lo que se supone fuese una excepción -el no pagar el bono-, ahora se convierte en la regla.

Y no se trata de un fenómeno limitado al paso del huracán “María”. Esto es parte de una tendencia que se ha desarrollado por años que incluyó la aprobación de la Reforma Patronal –incorrectamente identificada como “Reforma Laboral”- que eliminó protecciones y beneficios a nuestra clase asalariada que llevaban vigentes por décadas.

Cuando pensamos en “bono de Navidad” pensamos en un regalo de los reyes magos, en un aguinaldo buena gente, en una ñapa que se les da a los trabajadores. La palabra “bono” nos recuerda a algo extra, de gratis. Parece un privilegio, no un derecho. Cuando al final del examen veíamos que el maestro o maestra nos ofrecía un bono, parecía un acto caritativo para ayudarnos.

Pero el bono de Navidad no es un regalo que le hacen los patronos a sus empleados. No es algo que nos deja Santa o los Reyes Magos. Es una obligación que surge de la ley con el propósito de forzar legalmente lo que el patrono típicamente se resiste hacer: aumentar el salario a sus trabajadores. Para evitar el estancamiento salarial de grandes sectores del país que dependen de un sueldo, la Legislatura requirió que los patronos, como parte del salario de los trabajadores, otorgaran una compensación adicional a final de año. Por su coincidencia con las fiestas navideñas, le conocemos como el bono de Navidad. Pero no es un “bono” ni se debe a la “Navidad”. Por el contrario, es un aumento salarial legislado. Es parte del salario. Cuando el patrono solicita exención del pago del Bono de Navidad, en efecto está solicitando permiso para bajar el salario a sus empleados.

Como consecuencia, el bono de Navidad se ha convertido en una especie en peligro de extinción. Cada año, casi como de rutina, los patronos solicitan la exención y el gobierno lo autoriza. Esperemos que el bono de Navidad no termine convirtiéndose en parte de nuestro pasado folklórico, sino que vuelva ser una herramienta de justicia salarial.

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