José A. Sánchez Fournier

tribuna invitada

Por José A. Sánchez Fournier
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El boxeo en Carson superó al circo en Las Vegas

Los combates estelares de anteanoche en Las Vegas, Nevada, y Carson, California, nos brindaron un vistazo revelador de la contradicción inherente en la médula del boxeo moderno.

Por un lado tuvimos el risible circo del T-Mobile Arena en La Capital de las Apuestas. Allí, un cuarentón de nombre Floyd Mayweather Jr. demostró que a menudo el boxeo puede ser decepcionante y anticlimático, en especial cuando la hipérbole mediática se convierte en el centro de atención, por encima de la calidad pugilística de (al menos uno de) los protagonistas del pleito. Conor McGregor no merecía estar en el mismo ring que Mayweather. Pero como demostró que lo igualaba en talento como fanfarrón y bocón, los ilusos pensaron que eso significaba que también sería su par a la hora de subirse al cuadrilátero.

De más está decir que incluso un Mayweather oxidado, con sus reflejos y coordinación mermados por la edad y los años fuera del ring, no tiene problemas en presionar hasta el nocaut a un neófito que ni boxeador parecía, con su porosa postura, torpe caminar en tarima y sus ilegales golpes de martillo a la nuca de su rival.

Tras llenarse la boca y bombardear de insultos al apodado Money May durante la mejor parte de este fiasco –la gira promocional- McGregor hizo el ridículo en el ensogado, dejando herida de muerte su reputación de gladiador de artes marciales mixtas y su credibilidad. Claro está, el irlandés es un hombre listo y no le preocupa quedar desprestigiado si eso significa $100 millones en su cuenta bancaria.

Mayweather cobrará cerca de $400 millones por la farsa, que además le demostró que el retiro fue la decisión correcta.

Por otro lado, tuvimos una verdadera joya boxística en el StubHub Center de Carson. Fue allí donde dos genuinos profesionales del cuadrilátero, Miguel Ángel Cotto Vázquez y Yoshihiro Kamegai, le ofrecieron a los presentes y a la teleaudiencia un espectáculo de buen boxeo y agallas.

Tras dos asaltos en los que lució algo oxidado y fuera de tiempo por la inactividad, y en los que asimiló varios golpes fuertes, el cagüeño entró en sintonía boxística y ofreció un recital de maestría pugilística, blanqueando a Kamegai por los siguientes 10 asaltos para ganar por decisión unánime y coronarse campeón mundial 154 libras de la Organización Mundial de Boxeo (OMB).

Y lo logró ante un rival de mérito, no un debutante parlanchín.

A mucha honra, Kamegai nunca se rindió y siguió presionando, aunque desde mediados de la contienda sus posibilidades de triunfo comenzaron a desvanecerse.

A fin de cuentas, los que pagaron $100 por lo que resultó ser un robo a mano en guante de boxeo que nunca llegó ni a conato de pelea real, no pueden echarle la culpa al boxeo profesional, porque eso no fue lo que les  vendieron. Lo que sucedió en el ring de Las Vegas fue una burda farsa.

La genuina velada pugilística fue la de Carson. A los que optaron por esa opción, mis felicitaciones por su buen gusto pugilístico.

Cierro con un mensaje para todos, independiente de que sintonizaran al circo en Las Vegas, la cartelera de Carson, a ambos eventos, o a ninguno. Lo tuitié al final de la pelea de Cotto, justo cuando estaba por comenzar la cita estelar en Las Vegas. Lo repito aquí:

Sencillo. Miguel Ángel Cotto Vázquez es un fuera de serie. Nada más que decir. Disfruten mientras puedan. No veremos a otro como él en buen tiempo.

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