Antonio Quiñones Calderón

Tribuna Invitada

Por Antonio Quiñones Calderón
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El brazo y el vídeo de Muñoz Marín

La desesperación es cosa mala. A veces obliga a algunos a agarrarse hasta de un clavo caliente. Si no, revisen las más recientes “defensas” del “triunfante Estado Libre Asociado”. La primera, la del regente del popularismo en funciones, don Rafael Hernández Colón, proclamando que hay que defender el ELA, “porque es lo que tenemos”. La otra, la de la distinguida amiga Victoria Muñoz Mendoza, la inefable doña Melo, asegurando que “el ELA está tan sólido, que estamos aquí, celebrándolo”. Y la otra, de la exgobernadora Sila Calderón, justificando “la pertinencia” del ELA porque “es el estado civil, legal y constitucional en que vivimos”.

Es decir, “eso es lo que hay, mis panas, pues a celebrar… a lo hecho, pecho”.

Pero todos esos macizos argumentos –expresados en momentos en que el Partido Popular celebra sus 79 años y la vieja Ley Jones, con el nuevo nombre de “Estado Libre Asociado” cumple 65 en su estado original de criatura endeble– palidecen ante el esgrimido el fin de semana desde las catacumbas de Trujillo Alto por el exgobernador Hernández Colón, el CEO del Partido Popular. El ELA, dijo don Rafa, “está triunfante y lo que hay que hacer es gobernarlo con creatividad”. Y pasó a exponer eso de la creatividad. Se trata, llana y sencillamente, de “desarrollar el ELA” con mayores dosis de dependencia. Todo cuanto hay que hacer es sustituir el mantengo corporativo que era la sección 936 del Código de Rentas Internas federal, por otro mantengo, el de la 245a. Sencillo, como en la bolita: si la banca no tiene el 913, pues vamos a apostarle al 416. Ahí está la madre del cordero: vuélvase a otorgarles fabulosos créditos por sus ganancias a las grandes empresas foráneas en lugar de concederles beneficios a base de los salarios que estas paguen a los trabajadores puertorriqueños, y ya tenemos “el ELA desarrollado”.

Uno de los foristas en la actividad de ayer en Trujillo Alto ofreció otro sólido argumento en defensa del ELA: lo defendió como “un ejercicio de libre determinación”, valioso para “impedir una segunda suspensión unilateral de nuestra democracia” con el establecimiento de la junta de control fiscal. Es decir, que no las hayan “suspendido”, bajo el ELA y gracias al ELA, la primera vez, está bien, pero que vengan a hacerlo por segunda; eso no.

Los discursos de ayer resultaban ya tan desabridos que alguien salió corriendo a buscar en los archivos un vídeo de don Luis Muñoz Marín defendiendo, con su imponente voz, “el libre albedrío del pueblo para elegir su futuro” y haciendo un recuento de la lucha por el estatus y la aprobación de la constitución “del ELA”. Las lágrimas afloraron al instante. En ese colegio, el ELA hubiera arrasado.

A mí, leyendo el pasaje de la prensa sobre el vídeo proyectado en la pared ayer, me recordó otro argumento histórico recurrido por el propio Muñoz durante la campaña del plebiscito de 1967, cuando inició el derrumbe del ELA. Empezó en Bayamón, pero, luego del éxito de su demagogia, el Vate lo extendió a todos los pueblos a donde llegaba en la campaña plebiscitaria. Había que votar por el ELA, decía Muñoz a sus seguidores, porque, lo cito: “Si ustedes votaran en contra del Estado Libre Asociado en este plebiscito, sería como si me cortaran a mí uno de estos brazos”. Esmelena’os, los escuchantes del corazón de rollo popular, le gritaban: “No, don Luis, eso no, eso no”, y marcharon a votar por el ELA. Razones de peso tenían.

Seriedad, señores, seriedad.   

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