Luis Fortuño

Punto de vista

Por Luis Fortuño
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El camino hacia el progreso a un año de María

Un año después del paso del huracán María, aún continúan los trabajos de reconstrucción. Todavía se ven toldos azules que cubren decenas de miles de techos, y muchas intersecciones siguen sin electricidad.  Poco a poco, las personas hacen lo que pueden para regresar sus hogares, sus negocios, y sus vidas a una semblanza de normalidad. 

En las filas del banco y del supermercado se habla del huracán y su secuela como si fuese ayer, sobre todo en estos días cercanos al primer aniversario del impacto devastador que cambió la vida de todos los puertorriqueños. Los daños causados por la tormenta fueron serios y las pérdidas irreparables. 

Con sus vientos, el huracán nos dejó ver con claridad que detrás de la cortina verde de maleza y vegetación que este tumbó, sobre 43% de la población vive bajo los niveles de pobreza. Esta nueva visibilidad nos brinda la oportunidad de escoger y embarcarnos en un camino distinto.  Un camino que atienda la reconstrucción y las necesidades de los más vulnerables, y que nos conduzca a levantar las bases de un Puerto Rico fuerte, competitivo, eficiente y de oportunidad para todos. Un Puerto Rico atractivo tanto para inversionistas como turistas, donde se fomente el emprendimiento y la autogestión, y existan oportunidades de empleo y actividad económica sostenible a largo plazo.

La construcción de un nuevo Puerto Rico nos toca a todos, desde el maestro retirado que da tutorías en su comunidad y el dueño del colmado del barrio, hasta servidores públicos y funcionarios electos que intentan echar pa’lante. En este momento crucial debemos estar abiertos al cambio.  Es el momento de provocar las condiciones favorables y fortalecer tanto al sector privado, como a las entidades sin fines de lucro para que asuman mayor participación en el suministro de servicios esenciales – como electricidad, agua, transportación y educación, entre otros - y de apoyo a la población.  

Para ser efectivo en su gestión a favor de los constituyentes, el gobierno debe confiar y delegar en la capacidad de empresarios, dueños de negocios y líderes comunitarios, ya que estos tienen los recursos, el conocimiento y la cercanía a los problemas para brindar los servicios con mayor agilidad y eficiencia a costos competitivos. 

Específicamente, el sector privado -desde microempresas de capital local en espacios colaborativos hasta multinacionales-  conoce las necesidades apremiantes para convertir a Puerto Rico en un destino atractivo de inversión. Asimismo, son las organizaciones del tercer sector, comunitarias y con base de fe las que trabajan directamente en sus comunidades, mano a mano con su gente, y saben mejor que nadie qué es necesario para fortalecerlas y sacarlas de la pobreza. 

Para levantar a Puerto Rico tenemos que apostar a la innovación y emprendimiento del puertorriqueño. Es necesario tumbar barreras para abrirles camino ala prosperidad y la oportunidad de todos mediante educación y política pública que fortalezca y permita el desarrollo de una economía pujante y comunidades saludables y autosuficientes. 

De la naturaleza tenemos que imitar su capacidad para recuperar después de la tormenta. Al igual que nuestros campos reverdecieron y las aguas de nuestras playas regresaron a su color turquesa cristalino, Puerto Rico volverá a brillar. Para esto se requiere estar abiertos a cambios dramáticos que permitan nuestra transformación basada en los valores de respeto mutuo y libertad individual.

Todos en Puerto Rico tenemos derecho a perseguir progreso y bienestar en la tierra que nos vio nacer;  emprender para construir un legado; y tener acceso a servicios esenciales confiables. La reconstrucción de Puerto Rico nos toca a todos. 

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