Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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El cáncer de Arnaldo Roche, ¿una enfermedad ocupacional?

La noticia me estremeció: 

“Puerto Rico amaneció con la triste noticia del fallecimiento del pintor Arnaldo Roche-Rabell, uno de los artistas plásticos más importantes de su generación y quien se destacó no solamente por su talento, sino también por su don de gentes”. 

Los comentarios de muchas personalidades citadas en esa noticia provenían tanto de colegas como de coleccionistas de arte y hasta políticos. Casi sin excepción, todos reclamaban su amistad, incluyendo a la comisionada residente, Jenniffer González. Su colega, Toño Martorell, comentó que Roche “bailaba sobre el lienzo. Un baile que tenía mucho de frenesí, de iluminación”. Lamentablemente ese baile fue lo que pienso que le costó la vida. Arnaldo murió de cáncer de pulmón. 

El tabaco es el principal causante de ese tipo de cáncer, pero Arnaldo no fumaba y murió prematuramente a los 62 años. Un amigo me comentó que “Arnaldo pintaba con las manos”.  Al principio encontré ese comentario algo extraño porque ¿de qué otra forma podía pintar? Una foto de su mano izquierda encharcada con pintura de innumerables colores, sobre todo amarillo, aclaró inmediatamente mi duda. Esa técnica de pintar directamente con las manos puede introducir a través de la piel sustancias tóxicas, si es que estas existieran en las pinturas. Pero todavía peor es la aspiración de los cancerígenos de la pintura, lo que también puede provocar un cáncer de pulmón. 

Me estoy adelantando a los hechos. Empecemos por explicar brevemente lo que es el cáncer de pulmón. Primero hay que aclarar algo que frecuentemente es motivo de confusión: no es lo mismo un cáncer de pulmón que una metástasis de otro cáncer al pulmón. Por ejemplo, un cáncer de mama puede regarse al pulmón, pero eso nada tiene que ver con un cáncer que se origina en el pulmón, que es lo que realmente los médicos llamamos cáncer de pulmón. El 85% de estos cánceres primarios de pulmón son causados por el tabaco. ¿Y el otro 15%? Estos son mayormente causados por otras sustancias frecuentemente utilizadas en el trabajo y por tanto los consideramos trastornos ocupacionales. En ese 15% están los pintores, tanto los industriales, conocidos también como de brocha gorda, y otros que denominamos pintores o artistas plásticos como Arnaldo Roche.

Como muchos otros tumores malignos, esencialmente el cáncer de pulmón es un conjunto de cuatro diferentes tipos con pronóstico variable y tratamientos diferentes. La mayoría de ellos conlleva un mal pronóstico, unos más y otros menos. 

¿Qué tienen los pigmentos de pintura para causar un cáncer? En 1775, Percival Pott, un cirujano británico, hizo una observación muy importante cuandodescribió que los deshollinadores de chimeneas en Inglaterra desarrollaban comúnmente un tipo de tumor muy raro: el cáncer del escroto. Fue la primera descripción de un cáncer ocupacional. Tomó casi dos siglos poder determinar que las sustancias carcinogénicas en el hollín son lo que llamamos PAHs (polycyclic aryl hydrogenases). ¿Y eso que tiene que ver con el cáncer de pulmón? Pues da la casualidad que estos PAHs están entre los 20 carcinógenos más importantes en el humo del cigarrillo, y también en los pigmentos de las pinturas. Estos cancerígenos pueden estropear el ADN de algunos genes que nos protegen de tumores, averiándolos hasta el punto que no puedan cumplir con su rol de protegernos.

Además de PAHs, las pinturas contienen otras sustancias como el plomo, cobre, cromo, cadmio y cromato de zinc. De estas, las que han sido asociadas con cáncer de pulmón son las tres últimas. Y la más peligrosa es el cromato de zinc, que aumenta el riesgo de cáncer de pulmón hasta cuatro veces por encima de lo usual. El cadmio, extensamente utilizado por Gauguin y Henri Matisse por sus amarillos y rojos vibrantes, también aumenta el riesgo de cáncer, aunque menos que el cromato de zinc. El representante de Roche, el galerista Walter Otero, gentilmente accedió a dialogar conmigo y me explicó que Arnaldo utilizaba extensamente los pigmentos con cadmio “sin guantes y por supuesto en cantidades grandes pues típicamente trabajaba en formatos monumentales. También  pintaba todos los días pues amaba su profesión”. Irónicamente, una compañía de nombre Liquitex introdujo en 2017 un pigmento libre de cadmio, con tonos tan vibrantes como los que contienen cadmio. 

El plomo se ha usado para los pigmentos blancos, pero no tiene efectos carcinogénicos. Sin embargo, Vincent van Gogh, quien utilizaba extensamente pigmentos con plomo y tenía la costumbre de lamer sus pinceles, se piensa que pudo haber estado intoxicado con plomo. Esto puede haberle causado una gama de problemas neurológicos que padecía, incluyendo alucinaciones, pesadillas y episodios maniacos. Hoy día, el plomo se ha sustituido en las pinturas casi totalmente por titanio, que es mucho menos problemático. 

Pero los problemas médicos no se limitan a los pigmentos sino que también involucran a los solventes, que a pesar de que no se asocian con cáncer de pulmón, se han ligado a un aumento en el riesgo de desarrollar linfomas no-Hodgkin.

Hasta ahora solo he explicado cuáles y cómo es que estos cancerígenos pueden causar un tumor maligno, pero ¿existe evidencia científica de que los artistas plásticos realmente tienen una más alta incidencia de cáncer de pulmón? En 1985, el doctor Barry Miller del Servicio de Salud Pública de EE.UU. publicó la primera descripción de este fenómeno. Él y sus colaboradores examinaron las causas de muerte de 1,598 artistas de EE.UU. Encontraron que los artistas plásticos, comparados con la población general, morían más frecuentemente de cáncer de pulmón, recto y mama. Quizás porque es una práctica más reciente, no he podido encontrar un estudio similar para los grafiteros, cuya exposición es todavía mayor, debido a su uso de pinturas de aerosol. La información que provee la hoja de datos de una de estas pinturas aerosolizadas indica que no hay ningún cancerígeno presente, pero sí contiene tolueno, que conlleva un potencial de daño neurológico. 

Antes de morir, Arnaldo Roche hizo una declaración muy curiosa: “Hasta el día de hoy no asisto a entierros ni voy a hospitales. Estoy siempre enfocado en los vivos, en los que se mueven, para hacer de cada día un milagro, de cada encuentro, un evento que pueda celebrar”. Quizás Arnaldo tenga razón en su perspectiva. Por eso yo le envío un consejo médico a todos los artistas plásticos, y en especial a los que atesoro como mis amigos: protéjanse con máscaras, usen guantes y sean selectivos en los pigmentos que usan. Sobre todo, húyanle al humo del tabaco. No los quisiera tener de pacientes.

Consejos de Cabecera, un libro que reúne los artículos médicos de Fernando Cabanillas publicados en El Nuevo Día, está ya a la venta en la Farmacia Auxilio Mutuo y en las principales librerías de toda la isla. Será presentado por Mayra Montero en Librería Casa Norberto, Plaza las Américas el 10 de diciembre a las 7:30 pm.

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