Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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El chantaje político de la mente

El ser humano puede tener ilusiones ópticas, de acuerdo a estudios científicos en psicología. Estas visiones son comportamientos reales distorsionados por los procesos naturales del funcionamiento de las neuronas en el cerebro.

El cerebro funciona a base de mensajes generalizados por descargas eléctricas de esas neuronas. Una persona embriagada o endrogada podría ser víctima de tergiversaciones reales. Es este planteamiento un hecho comprobado por incontables estudios. El estado de embriaguez distorsiona la realidad. Por esas razones está prohibido manejar en estado de embriaguez o endrogado. Ninguna de las dos condiciones es recomendada. Además, son castigadas por la justicia. 

Es increíble que muchos políticos son expertos en psicología sin ostentar estudios avanzados en ese campo. Pero sí placen de la necesidad de ganar elecciones, lo cual es la madre de la indagación síquica. Los que suben las esferas de esa profesión logran el dominio absoluto de lograr las elevadas ilusiones en los electores con la tergiversación de los hechos.

Se ha vuelto de moda engañar tergiversando la verdad. ¿Por qué se da este fenómeno? ¿Por qué se usa el engaño y no la realidad? Puede haber dos razones principales: una que el político se siente cómodo con electores desorientados, otra es que no tiene que dar muchas vueltas al asunto porque los electores fanáticos no investigan. 

El 75% de los seres humanos es conformista, de acuerdo a la Asociación Americana de Psicología (AAP). Solo un 15% de los votantes votaría por un partido contrario. De acuerdo a un estudio reciente, en elecciones en Estados Unidos, el 57% de los “votantes herederos”, o sea, los hijos, nietos de padres partidarios demócratas, nunca cambia a otro partido.

Cabe señalar que en Puerto Rico existen todas estas condiciones. Existe la ilusión óptica de lo que sería como un chantaje de la mente. Por alguna razón, el electorado puertorriqueño, en elecciones generales, se ha tronchado en adoptar únicamente dos opciones. Sin buscar ninguna otra alternativa ni votar mixto para que haya fiscalización. Lo justifican con irrealidades perceptibles. Por un lado porque “aquí no se produce nada”, y por otro que “nos pasaría como Venezuela o Cuba”. Siguen dando vueltas a la manigueta y votar por los que les hacen creer en modelos misteriosos hasta caer en lo que es la isla hoy. 

Por otro lado, la población piensa que el enorme problema de la economía es la Junta de Supervisión Fiscal. Lo creen porque se le acusa de intervenir en todo lo que tenga que ver con política pública. Pocos electores se dan a la tarea de averiguar cómo y porqué la Junta toma decisiones contrarias al gobierno.

Que conste, que el azote que le dan a la Junta Fiscal con tergiversaciones viene de todos los partidos políticos: independentistas, populares y estadistas. Inclusive, he leído columnas de socialistas y comunistas, y hasta algunos religiosos sehan tirado al mar de opiniones ambiguas también. He echado de menos a los ateos, quienes complementarían la sazón de la jeringosa. 

Sin embargo, lo útil para adelantar esta causa del intento de aclaraciones es ir directamente a los hechos. Los políticos atacan para librarse de responsabilidades. En el caso de la economía en Puerto Rico, la mayoría legislativa no quiere verse como el “malo” pensando que perdería futuras elecciones. Entonces, ¿qué puede hacer con los ajustes del presupuesto que le pide el Congreso de Estados Unidos por medio de la Junta? Atacar, acusar, desvincularse, tergiversar… crear pantanos psicológicos que no ayudan en mejorar la clarividencia política del país. 

El ejecutivo y los legisladores saben que Promesa es una ley federal enmendada por el Congreso, el cual tiene todos los poderes sobre Puerto Rico desde 1898. Lo que no haría el gobierno de la isla es resignarse a acatar las leyes, sin antes insinuar que están dando batalla y que no es culpa de ellos, sino de los otros.

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