José Borges

Tribuna Invitada

Por José Borges
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El chat de Telegram: cuando la vida imita al arte

En los años noventa existió la serie de televisión The West Wing, escrita por Aaron Sorkin, que seguía las interioridades del ficticio presidente Bartlett con sus ayudantes. Cada semana esos personajes resolvían y se enfrascaban en conflictos con diferentes entes del gobierno y la sociedad. Lo que más atraía al público era ver a esos jóvenes profesionales dedicarse con tanta astucia y empeño a trabajar en los problemas del gobierno.  

Mientras leía las 889 páginas del infame chat del gobernador y sus allegados, se hace una mención al presidente Bartlett, como si estos miembros de gabinete y su líder fueran la versión boricua de ellos, premisa absurda por demás. Los personajes expuestos en el documento filtrado responden más bien a la sátira de HBO Veep, que sigue las andanzas de la vicepresidenta de los Estados Unidos, y cómo ella y sus ayudantes buscan posicionarse en el mundo político. Son personajes sexistas, insultantes y sin una pizca de integridad. Luego de sufrir las 889 páginas de diálogos, memes e insultos, me parece bastante ridículo que el gobernador Ricardo Rosselló y su séquito se vean a sí mismos como héroes del país. 

Sin embargo, así mismo se contemplan. Las referencias a Avengers, Star Wars y otros héroes de la cultura popular abundan en sus conversaciones. Desde la mañana del sábado comencé a leer esta epopeya que es un tipo de crónica de un periodo entre noviembre 30 de 2018 a 20 de enero de 2019. Los protagonistas son Ricardo Rosselló, Christian Sobrino, Ramón Rosario, Alfonso Orona, Luis Rivera Marín, Elías Sánchez, Carlos Bermúdez, Edwin Miranda y Rafael Cerame, con participaciones esporádicas de Ricardo Llerandi, Anthony Maceira y Raúl Maldonado. Estos personajes se involucran en un diálogo constante, en el que activamente buscan manipular la percepción pública de su gobierno. Se comparten noticias, columnas y vídeos en los que se mencionan las labores del gobernador y el resto del aparato gubernamental. Si un reportero los critica a menudo, es un “mamabicho”; si una legisladora está en contra de la estadidad, es una “puta” que hay que poner en su sitio, como se desprendió de las primeras publicaciones del chat.  

Leer el documento entero revela la manera de pensar de estos sujetos. Lo más triste, además del racismo, el sexismo, la homofobia y la burla, es que en esos dos meses ninguno discute cómo mejorar los problemas que afligen al país. Por ejemplo, cuando surge la polémica de las peleas de gallos, lo que más les interesa es saber cuál debería su posición ideológica para resultarles más simpáticos a los votantes. No existe un razonamiento que pondere la crueldad a los animales contra lo que se considera una faceta de nuestra cultura, sino que decidieron estar en récord en contra de la medida del gobierno federal porque la mayoría no veía las peleas de gallos como algo negativo. 

Irónicamente, el crimen en la isla se trata de manera semejante. Semana tras semana, Alfonso Orona publica la cantidad de asesinatos que se han cometido en el año. Cuando dicha cifra se acerca a la del año anterior, los integrantes ruegan por un fin de semana tranquilo, para que los números muestren que el crimen en ese año será menos que en el anterior. ¿Dónde está la discusión de lo que debe hacerse para trabajar con el crimen? En la boca y los dedos de los líderes del país estaba ausente. Las acciones de los integrantes del chat giran en torno a la percepción pública y cómo perjudicar la de los oponentes. 

Leer este chat es presenciar una conversación de adolescentes inmaduros. Lo que publicaron durante del certamen de Miss Universe en 2018 realmente eriza la piel, con sus destellos sexistas, machistas y homofóbicos. En esta etapa, Luis Rivera Marín, uno de los integrantes de más edad en el grupo, trata de ser parte de los chicos “cool” y fracasa miserablemente; parece más un señor propasado que otra cosa. Ricardo es el líder que todos adulan; Elías, el segundo que también admiran los demás. Entre ellos, se mofan de gente de su propio partido, tanto votantes como colegas, de sus oponentes y de cualquier persona que se atreva a expresarse en contra del gobierno, ya sea por las redes sociales o por otros medios. En más de una ocasión se dan órdenes para usar instrumentos gubernamentales para responderle o presionar a estas voces.  

En fin, es un documento revelador y desalentador a la vez. Nos permite ver cómo se maneja el país en el día a día, que es lo mismo que podría llevar a cualquiera a la desesperanza. Lo cual me lleva a otro pensamiento: ¿el país se maneja así desde que Ricardo Rosselló asumió la gobernación o siempre ha existido la misma dinámica, según la tecnología lo ha permitido? Temo la respuesta, en realidad. Tal vez, una de las pocas cosas positivas de este asunto es que gran parte de Puerto Rico se sentó a leer un mamotreto mal escrito de casi 900 páginas en un solo día. Sin embargo, ese “honor” no lo quisiera ningún autor respetable de nuestro país. Así no.

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