José González Mercado

Tribuna Invitada

Por José González Mercado
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El Congreso ataca la cultura al prohibir las peleas de gallos

El deporte de caballeros, las tradicionales peleas de gallos, sufrieron un duro revés ayer cuando el Congreso decidió prohibirlas, en una votación histórica. Nunca se tomó en cuenta la realidad de Puerto Rico, una jurisdicción de los Estados Unidos desde finales de la Guerra Hispano-Americana en 1898. 

Esa acción demuestra, nuevamente, el total y absoluto poder que tiene el Congreso sobre esta colonia, la más antigua en el mundo. No tuvimos el poder del voto para evitar esto. Ni un turno al bate logramos porque somos una colonia.

Además, la decisión tomada por cientos de hombres y mujeres en el Congreso, muchos de los cuales no han visitado Puerto Rico, deja sobre el tapete la falta de compromiso que existe con mantener el poder de los estados o jurisdicciones sobre asuntos de índole culturales, porque las peleas de gallos son un deporte, algo social y cultural. 

Los padres de la Constitución americana advirtieron desde el mismo momento que se firmó la Declaración de Independencia, que el poder de la nueva nación debe recaer en los estados, no en la sede de proyección, Washington D.C. 

Inclusive, muchos de los que firmaron la Declaración, así como la propia Constitución, escribieron extensamente sobre este asunto en una colección de ensayos conocidos como los Papeles Federados, en la cual plasmaron su temor de que el gobierno federal usurpara los poderes que deben tener los estados de la unión. Lo que sucedió ayer en el Congreso echa a un lado esa separación de poderes y sienta un nefasto precedente de legislar para cambiar cultura. Eso no lo podemos permitir. 

Ser ciudadano americano conlleva mucho. Es poder escuchar a una persona gritar en alto cosas que hemos estado opuestos toda una vida. Ese ver los manifestantes protestar por algo que no queremos, es respetar el derecho de cada uno a practicar la religión que desee, jugar el deporte que quiera y suscribirse a las costumbres que entienda. 

Todos saben que estoy a favor de las peleas de gallos. Este deporte es parte de nuestra sociedad desde los tiempos de los españoles y ha perdurado siglos en nuestra isla porque la gente así lo quiere. Sí, es una industria que genera entre 10 y 20 mil empleos y produce decenas de millones de dólares. Pero es más que eso, es parte de nuestra cultura y eso no se puede borrar con un plumazo en Washington. 

Mi llamado es al nuevo Congreso que juramenta en enero, a revisar inmediatamente esta nefasta ley que atenta contra el poder básico de los estados y jurisdicciones, el de escoger su propia cultura  y folklore. ¿Qué será lo próximo, eliminar los famosos rodeos tejanos? 

Creo que el presidente Lyndon B. Johnson lo dijo mejor cuando en 1960 sostuvo que “soy tejano primero y después americano”, en referencia al orgullo que tenía en ser parte de ese gran estado y su cultura. Lo mismo digo yo, “soy puertorriqueño y después americano”. Soy totalmente estadista, pero la cultura tiene que estar a parte.

La cultura es parte de quienes somos y nuestra nación es la más poderosa y prospera en el planeta porque respeta la diversidad.

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