Enrique Vázquez Quintana

Tribuna Invitada

Por Enrique Vázquez Quintana
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El conteo de muertes tras María

Es sumamente sorprendente que en nuestra isla las entidades gubernamentales no hayan podido determinar aún el número certero de muertes causadas por el huracán María.

Siempre se sospechó que el número oficial de 64 muertes era extremadamente bajo. Nadie creía esa cifra, particularmente cuando se conocía el desastre y las penurias que habían sufrido nuestros conciudadanos de las áreas montañosas del centro de la isla.

Entonces, el 22 de febrero de 2018, el gobernador Ricardo Rosselló anunció que el Instituto de Salud Pública Milken, de la Universidad George Washington, realizaría un estudio de las muertes ocurridas como consecuencia del huracán María. El Decanato de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas colaborará en este estudio.

El 29 de mayo de 2018, se divulgaron los resultados de un estudio que realizó la Universidad de Harvard que proyecta que el número de muertes relacionadas al huracán María es 4,625. Esa institución condujo su estudio visitando 3,299 hogares y conversando con los vecinos. Así estimaron una cifra de muertes. El número fluctúa entre 793 y 8,498 por lo que escogieron la figura del medio de 4,625 muertes como un estimado.

El gobierno no les entregó copia del número de muertes que obra en el Registro Demográfico. Tampoco se las entregó a El Nuevo Día, a Mario Marazzi del Instituto de Estadísticas ni a la doctora Judith Rodríguez, reconocida demógrafa del país, entre otros interesados en indagar genuinamente sobre el asunto. ¿De dónde vino la orden de no proveer la información?

El estudio de Harvard también midió el sufrimiento -falta de electricidad, agua, alimentos, incomunicación, tratamiento médico y muerte. El doctor Domingo Marqués y su equipo de trabajo, quienes hicieron el trabajo de campo, también sufrieron al identificarse con el sufrimiento de la población que entrevistaron. Se merecen nuestra felicitación y respeto por el trabajo realizado.

La Universidad George Washington tiene previsto divulgar los resultados de su estudio para el mes de julio. A esa institución sí le entregaron los datos sobre defunciones del Registro Demográfico. A mi entender, para llegar a un número más certero de las muertes es preciso que esa investigación revisé todos los certificados de defunción ocurridos desde el día 20 de septiembre de 2017. Deben comunicarse con el médico que llenó el certificado y además entrevistar a los familiares para averiguar cómo fueron los últimos días del fallecido.

Los médicos de Puerto Rico nunca habían visto este fenómeno, no fueron informados por el Departamento de Salud, el Registro Demográfico o la oficina del Departamento de Seguridad Pública sobre cómo llenar los certificados de defunción. Nadie sabía que como causa precipitante de la muerte se puede incluir la falta de electricidad, agua, alimentos o falta de acceso a los médicos. Eso se puede escribir en el encasillado 20 d del Certificado de Defunción. El formato de Certificado de Defunción debe ser modificado para que incluya el ingreso promedio del occiso. Además, hay que proveer cursos de educación médica continua de cómo llenar los certificados de defunción.

Ninguna persona en el país puede ser enterrada o cremada sin un certificado de defunción. Esas historias de que algunos familiares enterraron a sus muertos en las fincas hay que investigarlos. Igualmente, los que se marcharon a Estados Unidos y murieron allá. El estudio de la Universidad George Washington deberá identificar la casi la totalidad de los muertos por nombre y causa de muerte.

Por otro lado, es evidente que las muertes están relacionadas a la pobreza de nuestra población. Las casas de los pobres son muy vulnerables y fueron las que mayormente quedaron destruidas. Por eso, hay que rehacerlas de cemento, como en los años 1960-70, bajo el plan Ayuda Mutua y Esfuerzo propio.

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