Silverio Pérez

Tribuna Invitada

Por Silverio Pérez
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El control de nuestro destino

En la discusión por el tranque que ha provocado la pretensión de la Junta de Control Fiscal de eliminar la Ley 80, que protege a los trabajadores del despido injustificado, sobre todo en redes sociales, se lee ¡cada cosa! Una de las que más me llamó la atención viene de una persona que asegura que la Junta es necesaria porque los puertorriqueños no tenemos capacidad de administrarnos. La aseveración parece estar basada en un determinismo que nos condena a ser mandados por otro de por vida.

Esa supuesta incapacidad cuasi genética es precisamente el pensamiento sobre el que se sustenta el colonialismo, y es la base ideológica que utilizan los países ricos para explotar a los países pobres. Le pregunté al forista si todos los bancos, las empresas, los pequeños negocios y otras organizaciones que hay aquí son dirigidos por personas provenientes de otros países, o si en realidad hay miles de ejemplos exitosos de emprendimientos y administraciones por puertorriqueños, fuera de la esfera gubernamental.

Creo que es necesario reiterar, en y fuera de la isla, que una cosa es el gobierno, administrado por décadas por una clase política que se ha dedicado a su propia sobrevivencia cada cuatro años, a costa de llevar el país a la quiebra, y otra cosa es el país, que a pesar de los pesares sigue en pie de lucha, creando, emprendiendo, produciendo, esperanzado. Esa clase política que ha administrado mal, y la deuda pública es prueba más que suficiente de su incapacidad, además ha estado plagada de corruptos que han utilizado sus cargos públicos para robar y/o malversar fondos públicos. En contrapeso a esa realidad, muchas empresas puertorriqueñas de prestigio se han sostenido funcionando y son muy pocas las instancias en que se han conocido casos de malversación o mala administración.

Hay que repetirlo: Gobierno es una cosa y País es otra. Se supone que un gobierno se constituye para administrar las finanzas del país y darles a los ciudadanos los servicios esenciales que les permitan vivir en su lugar de origen, o en el que hayan escogido vivir. La misma clase política fracasada ha permitido que la gente confunda gobierno y país y se propague la idea de que el país está quebrado, que es un desastre, que somos corruptos y que necesitamos que venga gente a mandarnos porque somos incapaces de gobernarnos a nosotros mismos.

Contrario a esa ideología autodestructiva, reconocemos que tenemos talentos extraordinarios en las ciencias, los deportes, las artes, la medicina, y en otros menesteres, regados por todo el mundo, manteniendo en alto el prestigio de nuestra nacionalidad puertorriqueña. Entonces, ¿dónde está el fallo? En una tradición más que centenaria, antes con España, ahora con EE.UU., en la que se nos ha inculcado hasta en el ADN que somos incapaces de gobernarnos a nosotros mismos, a asumir el control de nuestro propio destino.

Un gobierno incapaz, corrupto, mal administrado, como el que hemos sufrido por décadas,por supuesto que afecta el ambiente empresarial, por supuesto que hace que muchas industrias se vayan a la quiebra, por supuesto que empuja a miles de boricuas a huir del país. El día en que dejemos de pensar que somos incapaces, el día que dejemos de aceptar la clase política como un mal inevitable, y organizaciones de la sociedad civil tome el control de resolver los asuntos prioritarios, como lo son la economía, la educación, la salud, la seguridad, vivienda, ambiente y el asunto del estatus, entonces tal vez país y gobierno sean una misma cosa.

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