José Javier Lamas

Punto de vista

Por José Javier Lamas
💬 0

El COVID-19 desenmascaró la timidez del “nuevo” Código Civil

Hace apenas unos meses, se hicieron públicas las enmiendas quirúrgicas que el Senado tuvo que hacer al Código Civil propuesto por la Cámara de Representantes, en un último y fútil intento de hacer que el controversial código fuera presentable en sociedad. Las enmiendas se centraron en ciertas propuestas de sectores fundamentalistas que pretenden detener el desarrollo y progreso social de Puerto Rico y que, abiertamente, codifican el discrimen. Sin embargo, las enmiendas del Senado no atendieron la principal deficiencia del Código Civil propuesto: ¡sus normas siguen siendo del siglo pasado! No atiende los problemas de la economía moderna. 

El COVID-19 ha desenmascarado cuán tímido es el “nuevo” Código Civil. La principal herramienta para combatir el mortal coronavirus, que día a día cobra centenares de vidas a nivel global, ha sido el distanciamiento físico. Esto ha provocado el cese de las operaciones comerciales tradicionales y ha impulsado el desarrollo e implementación de nuevos esquemas de trabajo y contratación a distancia mediante el uso de la tecnología. Nuestras vidas, inevitablemente, han girado en los últimos meses alrededor de contratos y negocios jurídicos que, a mayor o menor escala, se han concretizado a través de medios tecnológicos no contemplados en el Código Civil que aguarda su siesta en el Senado. 

Nada dispone el “nuevo” Código Civil en cuanto a los contratos celebrados por internet ni atiende las posibles controversias jurídicas que pueden surgir en cuanto a cómo las partes contratantes manifiestan su voluntad y consentimiento a determinado acuerdo a través de contratos virtuales. A medida que se continúe normalizando este tipo de transacción virtual, surgirán nuevas y más complicadas controversias jurídicas, sin que tengamos el andamiaje jurídico para atenderlas. ¿Cómo es posible que un Código Civil del Siglo 21 no contemple la contratación por internet? Tristemente, nuestros legisladores solo han podido pensar en las formas de hacer negocios en el siglo pasado y han obviado por completo cómo se conducen las sociedades en un mundo rodeado de tanta tecnología.  

Otro ejemplo de lo anticuado que es nuestro Código Civil son los mecanismos y restricciones que se imponen sobre una persona para otorgar su testamento. No es nueva la propuesta que reclama se permita el testamento mediante grabación audiovisual. Una tecnología que tenemos hace más de cincuenta años. Pero no, nuestros legisladores únicamente han optado por aceptar un testamento que esté escrito en un papel con las firmas e iniciales a puño y letra del testador. Incluso, en la mayoría de los casos, requiriéndole que firmen frente a testigos. Como si viviéramos en los mil ochocientos. ¿Por qué no puedo usar mi celular para hacer un video donde yo manifieste mi última voluntad para que mis herederos puedan escucharla de mi voz y verme declararla? Lo único que lo impide, en términos legales, es un anticuado Código Civil.  

Y así, mientras más uno escarba, más cuenta se da uno de que el “nuevo” Código Civil que nos quieren vender como moderno, en realidad, es un refrito de lo viejo y, a lo sumo, alcanza a ser una reforma tímida que no atiende los problemas de una economía moderna y tecnológica.   


Otras columnas de José Javier Lamas

💬Ver 0 comentarios