José Curet

Tribuna Invitada

Por José Curet
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El crimen del túnel

“Corrimos en busca de los falsos castillos y espurios palacetes… en vez de tierra, madera o ladrillo compramos, sí, hipotecas” (Jorge Volpi)

Si todo crimen es un acto lamentable, cuando al pasar el tiempo aún no se ha esclarecido, una de dos: o bien se resuelve definitivamente tras surgir nueva evidencia contundente, o termina por convertirse en una intriga destinada al olvido. Ése parecía ser el destino del crimen de un ejecutivo bancario ocurrido poco más de tres años atrás, mientras conducía su auto justo antes de entrar al Túnel Minillas.

El ejecutivo (llamémosle sólo así) había llegado del norte, seis meses atrás, contratado para enderezar los entuertos financieros que mantenían al borde del colapso financiero a una institución bancaria (llamémosle el “grupo bancario”). Ni corto ni perezoso, el ejecutivo comenzó a auscultar cuentas y a hurgar estados financieros. Y allí encontró -esto lo sabemos sólo ahora- una sobrefacturación asombrosa. En algunos casos se trataba de sumas de más de $30,00 semanales, en contratos a compañías de mantenimiento para remozar estructuras embargadas por la institución. Podemos imaginarnos que también pondría el grito en el cielo al ver quizá erogaciones similares, carentes de comprobantes o de justificación razonable.

Y una tarde, mientras conducía su vehículo y se dirigía a su hogar, fue ultimado a tiros antes de entrar al túnel, sin saberse mucho más del porqué de los hechos. Se conjeturó, al desconocerse los motivos, que había sido un crimen por contrato, quizá por alguna vieja rencilla la cual quién sabe cómo ni desde cuándo venía arrastrando. La demanda interpuesta por los deudos contra el “grupo bancario” nunca prosperó. Y ahí hubiera quedado todo.

Hubiera sido un crimen perfecto, a no ser por los eventos posteriores los cuales mostraron el extremo hasta donde es capaz de llegar la avaricia financiera. Pues ese mismo “grupo bancario” volvería a acaparar la atención pública por un pleito incoado contra el Departamento de Hacienda. Reclaman al Gobierno que le pague en efectivo un crédito contributivo por la cantidad de $229 millones. Hacienda niega adeudar la suma. Y como para abonar las intrigas en las cuales parece haber estado envuelto el “grupo bancario”, en el pleito que aún sigue, no por el crimen, sino por la reclamación de pago, comenzaron a surgir nuevas revelaciones las cuales levantan dudas sobre el modus operandi de la institución.

Se reveló que la susodicha reclamación había sido aprobada por un antiguo secretario de Hacienda, quien inmediatamente después de abandonar su silla administrativa fue contratado para ocupar un alto puesto como ejecutivo por el mismo “grupo bancario”.

Mientras tanto, el pleito por el reclamo continúa teniendo sus días, o más bien sus noches, en corte. La opacidad de esos acuerdos entre Hacienda y el “grupo bancario”, así como la jergaespesa con la cual muchas veces se redactan esas transacciones, lograron obnubilar hasta el juicio de la juez asignada a atender el caso.

En un aparte se le oyó clamar por iluminación a la providencia para comprender los entresijos del pleito. Y no era para menos. Aunque con un ejemplo sencillo, puesto en arroz y habichuelas, hubiera bastado para aclarar. Imaginemos que, tras efectuar una compra, uno recibe un crédito para una transacción futura; pero entonces esa persona exige que le paguen el crédito al momento y en efectivo. Habría que intentarlo, a ver qué pasa.

Y mientras el caso sigue su curso, y empiezan a entrar y salir caimanes de cuartos oscuros -pues la realidad siempre supera a la imaginación- algo ya parece surgir en claro desde el fondo de esta historia. Podemos adelantar que detrás de todas las piezas de ese rompecabezas, comienza a aflorar una causa como el posible móvil de todo este caso: la desmedida avaricia financiera.

Y ese mismo móvil bien podría ayudar a aclarar y dar luz al final sobre aquel crimen del túnel.

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