Mildred Huertas Solá

Punto de vista

Por Mildred Huertas Solá
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El cristal quebrado por la gobernadora

La metáfora del techo de cristal describe los obstáculos “invisibles” que enfrentan las mujeres al ascender a escenarios laborales. Estos obstáculos, como cristal transparente, son el discrimen y los estereotipos. 

Wanda Vázquez Garced rompió el techo de cristal hace mucho tiempo. ¿Por qué su liderazgo ha sorprendido? Porque las mujeres que, por méritos y esfuerzos, logramos llegar a puestos de poder, tendemos a desarrollar un liderazgo transformacional, enmarcado en lo que la psicóloga Carol Gilligan llamó la “’ética del cuidado”. 

El liderazgo transformacional crea un espíritu de equipo en el que los objetivos organizacionales van por encima de los personales. Con el liderazgo transformacional empiezan a diferenciarse las ejecutorias entre el hombre-líder y la mujer-líder. Hay estudios que respaldan que mujeres y hombres asocian el liderazgo con características masculinas, considerándose las características femeninas como elemento adicional, deseable, pero no absoluto. Sin embargo, hay estudios que demuestran que la buena ejecución de liderazgo la ostentan las mujeres con competencias gerenciales que requieren desarrollar, ayudar a otros y establecer relaciones; competencias relacionadas con el liderazgo transformacional.

Como espada de Damocles, todavía las mujeres estamos etiquetadas en roles por género. Estos roles, que desempeñamos a la par con los roles profesionales, como el ser madres, esposas, hijas, jefas de familia y cuidadoras por excelencia, para bien, más que para mal, nos han permitido desarrollar un equipaje con valores y percepciones que ha hecho que abordemos la vida de forma diferente a los hombres. Son estos roles los que nos llevan a exhibir la ética del cuidado, a través de la cual a nadie se excluye de la toma de decisiones.

La contraparte de la ética del cuidado es la ética de la justicia que es el prisma principal a través del cual se da la mirada masculina. Lawrance Kohlberg es el psicólogo que la fundamenta y explica que existe una jerarquía de valores en la cual el valor moral de la justicia es principio universal y diferencia e integra mejor el resto de los valores. Y no es que sea equivocada la ética de la justicia, es que, por lo general, los juicios morales masculinos se basan en derechos básicos individuales que conciben la moral en términos de jerarquía de valores, mientras que las mujeres desarrollan su moral y sus juicios a partir de las relaciones con otros y el apego, lo que las lleva a mirar por el crisol del cuidado y la responsabilidad hacia otros.

Los estudios señalan que el cuidado constituye una práctica social basada en la cultura de las relaciones con uno mismo, con los otros y con el entorno, convirtiéndose en una condición de protección natural del ser humano. El cuidado como función social ha estado asociado a las mujeres, aunque no es un valor exclusivo de ellas. La orientación de las políticas del cuidado está centrada en la realización de la justicia social, y hará que conductas que parecen inmutables, se reten y promuevan la creación de otros caminos con mayor equidad. 

La ética del cuidado la observan más las mujeres que los hombres y, por ende, el abordaje que hacemos, hombres y mujeres, ante las oportunidades de liderazgo es diferente. Así las cosas, nuestro país ha empezado a experimentar en la nueva gobernadora lo bien que se siente su liderazgo transformacional enmarcado en la ética del cuidado. Que también sea esto lección para los políticos aspirantes al puesto.  


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