William Félix

Tribuna Invitada

Por William Félix
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El declive psíquico del atleta profesional

Todos somos humanos, por más trillado que suene. Los percances de la vida no eximen a nadie, incluyendo a aquellos atletas profesionales que tanto veneramos. Sus vidas pueden ser vistas como el epítome de la perfección; cuerpos majestuosos, salud óptima y sobre todo, vidas que proyectan lujos y excesos que provocan admiración y envidia de la buena entre sus seguidores. 

Lamentablemente, estas apariencias pretenden esconder temporeramente deficiencias que se exacerban en los momentos más vulnerables del atleta. Es un secreto a voces la crisis psicosocial que por las últimas décadas ha empañando la aparente historia perfecta del deportista idealizado. No me refiero solamente condiciones como la depresión y bipolaridad. Existen diversos factores que ponen en peligro la longevidad y vida productiva del atleta durante su carrera profesional, más allá de un esguince o la rotura de un ligamento. 

Cada vez más se reclutan a atletas más jóvenes con proezas físicas impresionantes pero emocionalmente inmaduros. Sin deseos de estereotipar, muchos vienen de trasfondos socioeconómicos no favorables. Firman contratos multi-millonarios y de repente: Corín Tellado, la historia triste se ha acabado... no hay idea más ajena de la realidad. Se les introduce de la noche a la mañana a un mundo adulto complejo y lleno de exigencias. Son tratados como realeza, supliendo cada aparente necesidad y hasta caprichos durante el trayecto de sus carreras profesionales. La gran omisión de su cuidado ocurre cuando se invierte poco en su salud emocional y en la enseñanza de destrezas de vida. No se da perspectiva ni se diferencian los conceptos carrera versus realidad. Para nada se toca el tema de la mayordomía y administración de bienes. Enfatizamos en incrementar los atributos físicos y su eventual ejecución en el juego, mientras atestiguamos con brazos cruzados la debacle psíquica y socioeconómica por tomas de decisiones erradas o conductas antisociales como método ineficiente de lidiar con la vida.

De repente, cuando todo se acaba y el cuerpo ya no responde a la demanda física, se pierde el norte y no se sabe a dónde ir. Con ello, también se seca la fuente eterna de dinero. Y después ¿qué? ¿Cómo mantener la vigencia de ese personaje ficticio que la fama, los medios y el mercado crearon? Ahora están solos, varados en la orilla de una isla desierta a merced de la suerte mientras rememoran glorias pasadas. Después nos preguntamos qué pasó o les caemos encima cuando meten las patas.

Por ello propongo que como parte integral del concepto holístico en el cuidado del atleta, se aumente la presencia e intervención continua de la rama psicológica y consejería como parte vital de la plantilla médica ofrecida al atleta. El fin es hacer realidad el concepto “mente sana en cuerpo sano”. También creo razonable establecer currículos mandatorios en los que se enseñe al atleta destrezas básicas y eficientes en el manejo de sus bienes. Basta ya de hacernos de la vista larga cuando un atleta tropieza, esperando que se levante por sus propios méritos por miedo a destapar la olla de grillos. Practiquemos el concepto de medicina preventiva, en la que la salud física y emocional se vean cara a cara como iguales. No sé ustedes, pero yo me cansé de las historias gloriosas con desenlaces tristes. 

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