Paul E. González

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Por Paul E. González
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El desafío de los millennials

A principios de siglo, los maestros y orientadores de la escuela superior nos hablaban sobre establecer metas de estudios profesionales y personales. Platicaban del futuro como lo más importante que enfrentaríamos en la vida. Claro, acabábamos de vivir una de las mejores décadas en términos económicos y sociales. En nuestra isla había empleos a tutiplén, el gobierno tenía flujo de efectivo, existían grandes incentivos para atraer capital, se habían iniciado grandes proyectos de infraestructura y se vislumbraba un panorama positivo para todos los sectores. El terreno estaba fértil, solo faltaba que sembráramos nuestras semillas.

En la universidad nos prepararon para el mundo laboral que nuestros padres construyeron. Los profesores nos inculcaban que sin un diploma no había futuro y que con él podríamos aportar a la economía del país. Pero brillaron por su ausencia los capítulos sobre cómo funcionar en tiempos de crisis.

Nos ha tocado vivir una historia diferente a la del Puerto Rico de nuestros padres. A nuestra generación millennial no nos tocó vivir en la revolución industrial ni en el boom económico después de la guerra ni la gran burbuja tecnológica de finales del siglo. Lo que nos ha tocado vivir han sido los años más retantes de la historia moderna.

Somos la generación más educada, con los sueldos más bajos. Comenzamos nuestra vida profesional justo en la depresión económica más grande desde la década de 1930. Enfrentamos el endeudamiento que nos dejaron las pasadas administraciones. Hemos visto de primera mano el colapso de la colonia, el envejecimiento de la población, terremotos y las ráfagas de huracanes poderosos en el Caribe.

A veces me pongo a pensar, ¿cuán diferente sería mi vida si hubiera experimentado profesionalmente las décadas de los ochenta y noventa?, ¿Cuál hubiera sido el impacto que hubiera creado?, ¿Cómo sería el panorama económico y social de esta generación? En fin, ¿Cuán diferente sería todo?

En teoría, las respuestas a estas preguntas son las excusas perfectas para justificar lo que vivimos en la actualidad y lo que dejamos de vivir en el pasado. Sin embargo, lo que nos tocó vivir es exactamente a lo que estábamos destinados a vivir. Nos tocó el camino menos transitado de Robert Frost, y fue lo mejor que nos pudo pasar. Contra viento y marea, en medio de una economía que es un chiste, con los altos costos de vida, seguimos en pie de lucha.

Gracias al ejemplo de nuestros padres y abuelos, seguimos moviéndonos hacia ese futuro del cual nos hablaron los maestros y profesores. Con todo lo que ha pasado, no hay situación complicada que no hayamos vivido y con las que no podamos lidiar. Hemos tomado carácter, resiliencia y perseverancia, cualidades que nos hacen más grandes y, sobretodo, serán nuestras aliadas cuando comencemos a escribir el próximo capítulo de la historia de nuestro país.

A lo que nos ha tocado vivir, gracias.

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