Anabelle Torres Colberg

Punto de vista

Por Anabelle Torres Colberg
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El desafío de Zoé Laboy

La gobernadora Wanda Vázquez con sus primeras movidas, expresiones y nombramientos ha logrado apaciguar, aunque sea de manera provisional, las múltiples voces que exigían transparencia y explicaciones sobre su ejecución, o la falta de, respecto a distintas investigaciones e intervenciones mientras fungió como secretaria del Departamento de Justicia. 

De otra parte, tampoco nos engañemos, el que al menos Wanda Vázquez proyecte control, prudencia y responsabilidad, luego del desastre político que representó Ricardo Rosselló Nevares, constituye un cambio de paradigma en la administración pública que satisface instantáneamente a las distintas huestes políticas del país. Resulta medular también resaltar que, en momentos de crisis, cualquier cambio que aparente una leve mejoría será aplaudido, aun por los más silentes, porque crece el sentido de urgencia en apoyarse en algo o alguien, ante el desgaste natural que trajo consigo las secuelas del Verano del 19.

En aras de no sublevar los ánimos de los usuales opositores de las administraciones de turno y de los grupos más vocales en los medios de comunicación, consciente del cansancio y resignación del pueblo con la realidad política actual, resulta un gran acierto estratégico de la gobernadora nombrar a Zoé Laboy como secretaria de la Gobernación. 

¿Por qué? 

Zoé Laboy ciertamente no se ha destacado por ser una líder trascendental en lograr reformar efectivamente al PNP, tampoco ha desempeñado un rol notorio en fomentar un destranque entre las evidentes diferencias entre la rama ejecutiva y legislativa en lo que va de cuatrienio, no se le reconocen grandes aportaciones de política pública, ni se le identifica como una voz definida en asuntos de envergadura para los puertorriqueños, como salud, seguridad o desarrollo económico. Sin embargo, en sus casi tres años como senadora, sí logró posicionarse como una líder respetada y aceptada por seguidores de distintas ideologías y partidos políticos. La razón para ello es sencilla: fue una disidente constante de su propio partido y cultivó sus dotes de comunicadora, no solo participando diariamente de programación en distintos medios de comunicación, sino asumiendo posiciones simpáticas sobre asuntos sociales, que la hicieron proyectarse honesta en sus convicciones. En concreto, logró posicionarse en el imaginario de nuestro pueblo como alguien que genuinamente parece importarle lo que le suceda a Puerto Rico. Indudablemente, el que Zoé Laboy sea mujer, una rebelde en el reino de Thomas Rivera Schatz, una colaboradora de las causas feministas y la comunidad LGBTT, una voz disponible para sus colegas de los medios y una persona con experiencia diversa como profesional, añadieron valor a los beneficios políticos de su nombramiento. 

La aparente aceptación general a la figura de Zoé Laboy tiende a simbolizar alnuevo líder político que el pueblo parece preferir en estos momentos, luego de un periodo intenso de desgaste en las estructuras políticas clásicas y en los políticos tradicionales de esas estructuras. 

Entonces, ¿habrá verdadero consenso sobre en manos de quién preferimos depositar nuestra confianza de pueblo en asuntos políticos? Mientras continúen los escándalos de corrupción, de estrategias para “coger de tontos hasta los nuestros” o las convicciones oportunistas, los méritos del político en aspectos sustantivos –o, incluso, los hechos respecto a ejecutorias exitosas en la gestión pública– resultarán cada vez más irrelevantes. Al final del día, paradójicamente, el voto gravitará hacia el aspecto más simple, se reducirá a quién proyecta credibilidad; a un juicio a veces ligero en función de lo que dice y, no necesariamente, de aquello que hace o pudiera lograr verdaderamente dicho político. 

Sobre esta realidad recaerá el gran reto de la licenciada Laboy. Poder demostrar que no solo tiene la sensibilidad para entender las necesidades de la gente y comunicarlas efectivamente, desde un sitial disidente y sin gran poder político en la práctica, como tuvo desde el Senado; sino que cuenta también con la capacidad de ejecutar, con el poder que le otorga ser la oficial ejecutiva en jefe del gobierno de Puerto Rico.


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