Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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El desastre después de Irma

El huracán Irma se desvió ligeramente al norte, evitando así el impacto terrible que se pronosticaba sobre nuestra isla, aunque cientos de miles de abonados se quedaron indefinidamente sin servicio de electricidad desde la mañana del miércoles.

La situación confirmó la fragilidad de la infraestructura de la Autoridad de Energía Eléctrica y la falta de mantenimiento que por años ha caracterizado el sistema.

El mantenimiento de las plantas generatrices ha sido dejado en el olvido bajo la alegación de que no hay dinero para los grandes proyectos, pero lo que pasa es que tampoco se atiende el día a día.

A raíz del paso del huracán Hugo en 1989, el entonces gobernador Rafael Hernández Colón inició un plan de soterrado de líneas eléctricas que sus sucesores dejaron en el olvido.

En una isla caribeña como la nuestra, ubicada en la ruta de los huracanes, los cables aéreos y los postes de madera siguen siendo una realidad muy presente. Hay líneas aéreas que atraviesan carreteras “adornadas” con vegetación que las cubren y que aumentan las probabilidades de que se caigan con algún viento.

Este año no se ha visto, como en el pasado, la limpieza de maleza y ramas de árboles en las orillas de las vías públicas, como tampoco prolifera el desganche de árboles y arbustos que amenazan el tendido eléctrico.

Es inaudito que el director ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), Ricardo Ramos, se diera por vencido antes del paso del huracán y proclamara que algunos sectores se quedarían sin luz hasta por tres o cuatro meses.

Declaraciones como esas en otros tiempos le habrían costado el cargo al funcionario.

En 1989, tras el paso de Hugo, el entonces director ejecutivo de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), Luis Ruiz Javier, sudó la gota gorda cuando Hernández Colón lo regañó durante una conferencia de prensa que se transmitió en vivo desde La Fortaleza por decir que tardaría “unos días” someter un informe previamente solicitado sobre cómo afrontar la interrupción del servicio de agua.

“¡Cómo! ¿Qué es eso?”, le ripostó el entonces gobernador a un nervioso Ruiz Javier, a quien le exigió someterle la información de inmediato.

La alegación de que no hay dinero para mantener la infraestructura de energía eléctrica, agua y carreteras contrasta con los contratos externos millonarios que el gobierno sigue otorgando a correligionarios, donantes, parientes y dolientes mientras se juega con la salud y la vida de los ciudadanos.

Debemos mantenernos vigilantes y exigir el uso prudente y transparente de los fondos federales de emergencia que se recibirán para mitigar los daños producidos por Irma.

Que no pase como ocurrió con los $7,000 millones en fondos ARRA recibidos durante la administración de Luis Fortuño, ni con los $6,400 millones adelantados en fondos Medicaid al gobierno de Alejandro García Padilla y que debían durar hasta el 2019, pero se agotarán este año.

Hay que empezar a exigirle cuentas al gobierno, del partido que sea, si queremos rescatar al país del precipicio al que lo lanzaron los gobiernos irresponsables de las últimas décadas.

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