Gustavo Vélez

Punto de Vista

Por Gustavo Vélez
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El desperdicio de una oportunidad histórica

El próximo viernes, 20 de septiembre, se cumple el segundo aniversario del impacto mortal del huracán María sobre nuestra isla. Dentro del trauma emocional y el dolor que aún tenemos de ese trágico momento, es más que meritorio hacer una reflexión del nuevo contexto económico creado por el huracán.

El paso de María por nuestra isla cambió nuestras vidas y ha creado una nueva referencia histórica, similar a la de otras generaciones, como la que vivió el huracán San Felipe, que provocó una devastación similar en septiembre de 1928. En el 1899, otro huracán devastador de nombre San Ciriaco devastó a Puerto Rico.

En su paso por nuestras tierras, María dejó destrucción material, desolación y sobre 4,300 muertes que aún nos duelen. El costo se ha estimado entre $80,000 y $90,000 millones, entre las pérdidas materiales, el daño a la infraestructura y la interrupción de negocios.

Sin embargo, la devastación de María no ocurrió en un vacío. El evento natural tomó al país en un mal momento, toda vez que llevamos más de una década en depresión, el gobierno está en quiebra y estamos en manos de una Junta de Supervisión Fiscal (JSF), que supervisa las finanzas públicas.

Así las cosas, la destrucción provocada por María nos puso en el ojo mundial y de los círculos de poder de los Estados Unidos. Días después del evento, el alto liderato político, desde el presidente Donald Trump hasta los líderes del Congreso, así como la prensa nacional, llegaron a Puerto Rico.

La destrucción y el caos provocado por María permitieron la aprobación de multimillonarias ayudas para mitigar el impacto del huracán. Semanas después del 20 de septiembre, miles de funcionarios federales y de las fuerzas armadas llegaban a la isla. El liderato político nacional (demócratas y republicanos) se alineaba por encima de líneas partidistas, para ayudar a Puerto Rico, y aprobaban sin reparos ayudas y programas de alivio.

Los políticos criollos dejaron a un lado las guerras chiquitas para comenzar a trabajar en la reconstrucción y la ciudadanía se abanderizaba detrás del grito colectivo “Puerto Rico se levanta”, que se convirtió en el lema de todo el pueblo. Dentro de la adversidad impuesta por María, nuestra sociedad parecía más unida que nunca y comenzaba el proyecto de reconstrucción nacional.

En aquellas semanas posteriores al impacto del huracán, FEMA y las demás agencias federales comenzaron a inyectar recursos para levantar a la isla. Entrado el 2018, ya era claro que Puerto Rico comenzaba a normalizarse. La economía, apoyada por los millones que inyectaba el gobierno federal, los pagos de las aseguradoras y la voluntad de los ciudadanos y los empresarios, lideraba lo que parecía el comienzo de un nuevo Puerto Rico.

Sin embargo, ya a mediados del 2018, según se normalizaba todo, nuestra clase política volvió a caer en sus viejas prácticas. Comenzaron las guerras entrelos políticos locales, las peleas con el gobierno federal y con la JSF. Lejos de comenzar a crear los planes de reconstrucción para cumplir con las exigencias de FEMA y el gobierno federal, el gobierno demostró incapacidad para habilitar los procesos de cumplimiento.

Como anticipo a la llegada de los miles de millones en fondos federales, la corrupción comenzó a expandirse exponencialmente, y la clase política local abrió una guerra sin cuartel con el gobierno federal.

Así llegamos al infame chat del verano del 2019, y los eventos que ya conocemos. Hoy, el proceso de reconstrucción parece detenido y las ayudas parecen estancadas en la burocracia federal y criolla.

En el segundo aniversario de María, urge reflexionar sobre cómo retomamos la actitud y la determinación que proyectamos cuando el huracán nos golpeó hasta casi dejarnos sin vida.

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