Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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El día después de la tormenta

La primera inolvidable escena que recuerdo tras el desastre de María fue la de vecinos recogiendo escombros en la urbanización e identificando propiedad reusable. A la ausencia de una respuesta municipal o estatal la comunidad se organizaba. Después llegaron los “amigos de lo ajeno” a llevarse todo lo valioso sin preguntar a quién pertenecía. Esto es lo que anda ocurriendo en medio del trauma ocasionado por la anticipada renuncia del gobernador Rosselló Nevares y el proceso de residenciamiento anunciado anoche. Mientras unos piensan la reconstrucción, otros traman pescar en el río revuelto.

La Constitución provee la sucesión ordenada y “estando vacante la secretaría de Estado” corresponde gobernar a la secretaria de justicia Wanda Vázquez. Eso es lo que debe suceder. No obstante, hay conspiraciones de trastienda y se ejercen presiones para acomodar a los que ponen por delante la ambición personal. A ésos, la tormenta les pasó por encima sin dejarles ninguna enseñanza.

Parecería que los líderes políticos, todos, de todos los partidos, andan aturdidos y desconcertados por la acelerada secuencia de eventos que se ha vivido estos días. Es tiempo de recoger del piso los platos que rompieron por décadas, pero dan golpes a ciegas desde Fortaleza al Capitolio mientras se aleja la esperanza de una renuncia digna y un proceso ordenado de transición que propicie la reconciliación para salir de la crisis. El caso es que el pueblo descubrió que el poder real está en sus manos y se rebela tanto contra la institucionalidad de gobierno como de los partidos políticos que le fallaron.

Si el partido de gobierno con la responsabilidad mayor por serlo en este momento histórico no reacciona con la madurez y experiencia de sus años, corre el riesgo de perder la escasa oportunidad de prevalecer las próximas elecciones y hasta la de sobrevivir como partido principal y portaestandarte del ideal de estadidad. No sería la primera ocasión que los estadistas recogen su bandera a montar tienda nueva. Como esto va, no pinta bien para ninguna formación partidista: el Partido Independentista Puertorriqueño sobrevive como un club privado que se reinscribe cada cuatro años, mientras su militancia vive afuera de la burbuja que ocupa su liderato; el Partido Popular Democrático camina asustado a escoger su próximo candidato en una primaria que dominarán sus alcaldes con sus leales seguidores; y en el Partido Nuevo Progresista, sufriendo como está la vergüenza del primer gobernador impedido de completar mandato, todavía hay líderes influyentes haciendo como la jicotea… escondiendo la cabeza en la concha para manipular el ascenso hacia el poder de espaldas al pueblo.

Esto no aguanta más y, los que no lo entiendan, están demás.

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