Pedro Rivera

Tribuna Invitada

Por Pedro Rivera
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El día que nació Roberto Clemente

Roberto Clemente es indiscutiblemente la estrella más grande en la historia del deporte puertorriqueño. Personas de todas las edades lucen el número 21 en sus espaldas sin importar la disciplina deportiva que practiquen.  El 31 de diciembre de 1972, Clemente se transformó en un hito que evoca una melancolía colectiva y a la vez un orgullo patrio difícilmente superado por otros nacidos en esta tierra.  

La pregunta obligada es ¿cuán devotos hemos sido en reconocer la figura de Clemente?  Más allá de portar el número del carolinense ¿distinguimos su aportación social, su batalla en contra del perjuicio racial, la defensa de su lengua materna, sus contribuciones comunitarias en la ciudad de los tres ríos, su llamado a la filantropía, su desprendimiento hacia el dolor humano, su dominio de los fundamentos y destrezas del deporte, su entereza de carácter, el amor hacia su familia, el respeto hacia sus padres? 

El reflexionar sobre la resonancia de la figura de Clemente en su terruño es una acción ineludible en lugar de ser un sermón. Es una llamada a despertar el interés en un capítulo significativo de la historia puertorriqueña.  Nos debe preocupar cuán importante es para nosotros y cómo haremos que sea eje trascendental asociable a nuestras aspiraciones como pueblo. 

En un foro que en el que participé hace algún tiempo para hablar de la figura de Clemente, observé que mucha de la audiencia estaba deseosa de conocer sobre él.  Con un pequeño segmento de un documental sobre Clemente fue suficiente para provocar en los presentes la respuesta fisiológica que ocurre solo en el momento que nos aprestamos a aprender algo.  Allí, en medio de aquella tertulia percibí lo que ya me imaginaba, Clemente no es discutido lo suficiente. 

¿Cómo podemos hacer que la figura de Roberto Clemente siga teniendo el espacio de primacía que en algún momento tuvo en la sociedad puertorriqueña?

No dudo que se realizan acciones concertadas para penetrar en el colectivo las virtudes de una figura de tanta relevancia para todos, pero falta mucho por hacer.  A través de la figura de Roberto Clemente podemos inspirar a una nueva generación de boricuas sedientos de modelos auténticos que conviertan la experiencia de existir en una jornada de determinación y triunfo.    

Abracemos el llamado a utilizar su figura como paradigma de una vida valiosa.  Utilicemos su ejemplo como tema transversal en nuestras escuelas.  Impactemos las mentes de nuestra niñez y juventud en cada escenario de recreación. Expongamos a futuras generaciones al estudio de su productiva existencia.  Sigamos publicando sobre su vida, documentemos su obra, hagamos de Clemente una dulce sonrisa, un agradable sentimiento del deber cumplido.  

Aunque para todos el 31 de diciembre perdimos a nuestro hijo amado, el 18 de agosto fue el día que nació el gran puertorriqueño.  

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jueves, 17 de agosto de 2017

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