Roberto L. Prats

Tribuna Invitada

Por Roberto L. Prats
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El día que se debilitó la unión americana

Lo que ocurrió en Charlottesville, Virginia, el pasado sábado ha desatado una tormenta racial con sello de aprobación presidencial y con implicaciones para la Isla. Creí que ver ondear una bandera con la insignia de los Nazis o una de los Estados Confederados de América y hombres blancos con antorchas reclamando la supremacía de la raza blanca era algo que uno estudiaba en los libros de historia.  Pensé que eso era parte de una época pasada y que yo pertenecía a una afortunada generación que había superado esos momentos retrógrados de odio y discrimen.   Los últimos días han sido surrealistas y sugieren que podemos encontramos en una virazón de moras en los Estados Unidos de América.

Las fortificaciones que mantenían el discrimen bajo control en los Estados Unidos han comenzado a ver grandes fisuras.  Luego de alcanzar unos hitos históricos con una ilustre presidencia de un primer Presidente afroamericano y la primera candidatura presidencial de una mujer, sólo restaría preguntarse si estamos en la antesala de un Estados Unidos en abierto retroceso. Me temo que estamos ante un renacimiento del racismo que luego de pasar su azimut y cenit, y ahora vuelve en su órbita desplegando un lado más hostil.  En esta ocasión es más burdo por una Casa Blanca que condena con igual vehemencia a los que le hacen frente a este populismo radical y sectario.

Después de tanto avance social, ahora vamos en retroceso.  El racismo existía desde mucho antes de que el Sr. Donald Trump llegara a la presidencia.  Pero su presidencia, lamento decir, ha sido como una dinamita que ha destruido la brújula moral que nos protegía de tan retrógrado pensamiento de superioridad racial. Trump, sin expresión de remordimiento y alimentando a los odiosos desde antes de ser Presidente, ha codificado el odio y tolerancia con sus políticas de construir muros para mantener a los mejicanos afuera; con sus propuestas políticas sobre inmigración para deportar a miles de inmigrantes; y con expresiones de odio contra los musulmanes y despecho contra las mujeres. Son tantas las instancias de ofensa presidencial que grupos radicales que habíamos creído extintos se han envalentonado.

No es posible soslayar las implicaciones de este renacimiento racista en los Estados Unidos con la nueva política pública de la administración de turno en Puerto Rico que buscar adelantar la integración de la Isla a los Estados Unidos. Un resquebrajamiento de la fibra social y moral de los Estados Unidos nos afecta a todos como sus ciudadanos. El antagonismo contra los hispanos nos incluye a nosotros. El resentimiento de la América blanca contra el crecimiento poblacional de los latinos, incluye a los puertorriqueños, particularmente a los 4 millones que viven en los 50 estados.  El rechazo expresado contra las minorías, es un rechazo que se siente en nuestras costas, en donde somos mayoría.

La semilla de odio ya germinó gracias al abono presidencial. Charlottesville es el nuevo paradigma. Los reclamos de integración, Comisiones de Estadidad, Actas de Admisión, Planes Tennessee tendrán que chocar con esta nueva realidad. Charlottesville es sólo el comienzo.

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