Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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El día que volvimos a ser buenos

El temido huracán categoría cinco, perdonó a Puerto Rico, al decidir coger otro rumbo, luego de devastar algunas islas hermanas en el Caribe, y siguió su ruta de destrucción y sufrimiento hacia la Florida. Irma ya se desvaneció, pero nos dio una gran lección.

El 6 de septiembre del 2017, Puerto Rico volvió a nacer.  Todos hemos pasado un gran susto alguna vez en la vida, que pone en riesgo nuestra existencia, y miramos ese momento como uno en el que volvemos a nacer.

Personalmente, yo viví el mío, el 26 de noviembre del 2006, cuando fui operado de corazón abierto. 

Colectivamente, la semana pasada, todos hemos vuelto a nacer, pues la naturaleza pudo habernos golpeado malamente, con terribles consecuencias humanas, sociales y económicas. 

Posiblemente, Irma nos cogió pena, luego de una década de desdichas fiscales y económicas, de indefinida incertidumbre, que han colocado de rodillas al país ante la quiebra de su gobierno.  Los recursos mal usados por décadas hoy no existen, y de habernos golpeado como lo hizo con las otras islas, el caos y la incertidumbre hubieran asumido una dimensión apocalíptica.

Serían otros, los que hoy estuvieran extendiendo su mano amiga hacia la devastada Isla de Puerto Rico, como lo hemos estado haciendo nosotros con las islas vecinas. 

Resulta irónico, que tengamos que vernos amenazados por un evento natural como el huracán Irma, para volvernos solidarios y fundirnos como un solo pueblo, en una misma causa, de sobrevivir colectivamente.  Otros huracanes nos han unido, y también, como también lo ha provocado el recibimiento de héroes deportivos, “La Gran Regata de Colón” (1992) y la marcha para forzar la salida de la Marina de Vieques, (1999).  

El 6 de septiembre, la psiquis colectiva de todo el país le puso un freno a nuestras diferencias ideológicas y rencores históricos, para voltear toda nuestra energía y nuestros corazones hacia una solidaria pocas veces vistas en nuestra historia reciente.

Súbitamente, el día que venía Irma a destruirnos, por temor a perder lo poco o mucho, que nos queda, (siempre es relativo), decidimos volver a ser buenos. Los políticos que días antes se mataban en los medios de comunicación, hablaban de colaboración, los vecinos que nunca se ven o conversaban, comenzaron a preguntar cómo podían ayudarse. 

Ricos, pobres, estadistas, populares, católicos, protestantes, empleados públicos y del sector privado, todos unidos en un verdadero frente común para asegurar que “Irma” no nos acabara de partir en mil pedazos. 

La radio, la televisión y la prensa, escenario cotidiano de la indefinida “guerra civil puertorriqueña” se convirtieron en una plataforma de comunicación para que todos pudiéramos estar bien informados. Nadie hablaba del estatus, ni de la quiebra ni de las próximas elecciones, el tema común era sobrevivir. 

El mejor rostro de los puertorriqueños

Luego de pasar el susto del 6de septiembre, todo el esfuerzo se concentró en la reconstrucción de Puerto Rico.  Durante una semana, la agenda ha sido tratar de reconstruir y volver a la normalidad lo más rápido posible. 

Con la excepción de uno que otro antisocial, que ha tratado de levantar divisiones con el tema de a que municipio le conectan la energía más rápido, todo el esfuerzo ha estado orientado a reconstruir a Puerto Rico.  Hasta el presidente Donald Trump, símbolo de la xenofobia y la polarización, se preocupó por la Isla y se comunicó con el Gobernador el día que pasaba Irma.

Y nuestra generosidad y grandeza como pueblo que parece no tener límites, ha ido más allá, y hemos extendido la mano amiga a nuestros hermanos del Caribe, recibiendo refugiados y coordinando envió de ayuda a los damnificados. Aun con nuestros grandes desafíos económicos, amplios sectores de la sociedad se desbordan en ayuda a los miles de afectados en las vecinas Islas.  La generosidad aflora aún en la quiebra del país, lo que deja saber la fibra de la que estamos hechos.

No solamente, somos buenos, sino que somos un pueblo grande, que se crece ante la adversidad.  Irónicamente, esta semana el astronauta de ascendencia boricua, Joseph Acabá salió al espacio en una misión a la Estación Internacional, un simbolismo en un momento muy oportuno.

Debemos aprovechar el momento histórico, para trasladar este sentido de unidad, solidaridad, y grandeza, para derrotar otras amenazas colectivas como la depresión económica, la quiebra fiscal, las desigualdades sociales y los principales males que nos aquejan. 

Una vez más hemos demostrado, que somos un pueblo bueno, capaz de lograr grandes cosas, cuando se une y decide trabajar juntos por una causa común.  

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