Tania Vázquez Rivera

Tribuna Invitada

Por Tania Vázquez Rivera
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El dilema de comer y respirar

Desde el mismo día en que fui designada por el señor Gobernador electo, Dr. Ricardo Rosselló Nevares, para ocupar la silla de Secretaria del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales del Gobierno de Puerto Rico, he sido cuestionada, legítimamente, sobre cuál es mi visión con relación a la conservación del ambiente, y el desarrollo económico y de infraestructura en Puerto Rico.

La pregunta, por supuesto, es muy válida, porque durante décadas se ha tenido la percepción de que ambos asuntos son incompatibles. Peor aún, existe la idea equivocada de que los que defienden la conservación del ambiente, están en contra del desarrollo económico, y viceversa. Claro está, como se dice popularmente, en la viña del Señor hay de todo, y no podemos negar que hay quienes pueden tener una visión radical con relación a estos temas, y están convencidos de que son mutuamente excluyentes.

Sin embargo, la realidad es que la conservación del ambiente y el desarrollo económico no solo son compatibles, sino que son necesarios, ambos, para lograr un mejor Puerto Rico.

Por un lado, la conservación del ambiente y la promoción de una cultura de protección de nuestros recursos naturales son necesarios para garantizar la salud de los seres humanos y del propio planeta Tierra.

Es innegable que la contaminación ambiental y la deforestación están haciendo al planeta gritar, y su forma de expresarse es a través de fenómenos naturales que cada vez nos impactan con mayor fuerza y destrucción. Aunque Puerto Rico no ha sido víctima directa de desastres naturales extraordinarios en muchos años, no estamos ajenos a lo que sucede en el resto del mundo, y de las consecuencias directas e indirectas de la contaminación ambiental en la salud y la calidad de vida de todos los que compartimos un pedacito de este hermoso archipiélago.

Por otro lado, la construcción de edificios, carreteras, y otro tipo de infraestructura, son necesarios para lograr un mayor desarrollo económico que, a su vez, permitirá que individual y colectivamente, los puertorriqueños podamos mejorar también nuestra calidad de vida.

Esto no quiere decir que hay que construir más, sino que cuando se decida hacerlo, se tome en cuenta la protección del ambiente y de nuestros recursos naturales. Así como hicimos cuando construimos las escuelas del Siglo 21, cuyos edificios eran totalmente eco-amigables, vamos a velar por que las construcciones futuras, cumplan con todos los parámetros legales y las mejores prácticas de conservación del ambiente. De igual forma, vamos a tener una política de puertas abiertas, para escuchar los reclamos de las comunidades, y de todos aquellos que tengan la intención genuina de proteger nuestros recursos naturales.

En fin, podría describir mi visión en este tema de la siguiente forma, sencilla, pero muy clara; escoger entre la conservación del ambiente y el desarrollo de Puerto Rico, es como escoger entre comer y respirar.

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