Cecilio Ortiz García

Tribuna Invitada

Por Cecilio Ortiz García
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El director ejecutivo que la AEE necesita

La súbita renuncia del director ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica, el ingeniero, Ricardo Ramos, ocurre en uno de los momentos históricos más importantes de Puerto Rico. Los múltiples impactos que ha absorbido la AEE, incluyendo su crisis financiera y eventual bancarrota, los eventos naturales Irma y María han creado un ambiente operacional bajo unas presiones enormes y de alta incertidumbre.

En esencia, la designación de un nuevo director ejecutivo es un problema perverso. Esto nos debe hacer reflexionar como país sobre cuáles son los requisitos necesarios para la designación de un sucesor, sobre todo en medio de una situación de emergencia nacional que vive el país.

Usualmente, nos concentramos en los atributos profesionales, disciplinarios y políticos del recurso humano a la hora de escoger el candidato ideal. Pero estos no son momentos normales. La situación amerita un cambio en la visión del recurso humano necesario para una labor de servicio público tan socialmente importante como la administración pública del sistema eléctrico puertorriqueño. Quisiera aportar a manera de resumen cuáles considera la administración pública moderna son estos factores, a manera de lista de cotejo para la Junta de Directores de la AEE a la hora de tomar esta decisión neurálgica para el país:

1. Alto nivel de compromiso con la transformación del sistema eléctrico hacia uno más resiliente, menos dependiente del uso de combustibles fósiles, con una mayor penetración de recursos endógenos y renovables de generación y una visión clara sobre la necesidad de explorar qué niveles de deconcentración, delegación y descentralización optimizaran el desempeño de nuestro sistema eléctrico.

2. Una visión socio-técnica del sistema eléctrico de Puerto Rico. Si algo nos enseñó la experiencia de los múltiples eventos que han llevado a un sistema eléctrico vulnerable al colapso casi total, es que ese colapso tuvo el efecto dominó de impactar de manera contundente los otros sistemas de infraestructura física ecológica económica y social. En ese sentido, el director ejecutivo de la AEE necesita entender de manera profunda cómo los servicios eléctricos que la AEE provee impactan los sistemas de salud, transportación, comunicaciones, alimento, agua, educación, etc. Para esto, más que un director ejecutivo al estilo de una utilidad privada, necesitamos un servidor público que, junto al mejor grupo asesor para lograr una visión integradora del sistema eléctrico, se convierta en parte integral de la seguridad nacional.

3. La madurez política para lograr una apertura en la gobernanza de la AEE que logre de manera colaborativa traer a la mesa todo el caudal de conocimiento interno de la agencia y lo enfoque en un 100 por ciento a la transformación de nuestro sistema. Luego de las admisiones trascendentales hechas por el pasado director en las vistas senatoriales recientes, se hace evidente el nivel de corrupción dentro de la AEE, en cuanto al manejo de recursos humanos se refiere. El nuevo director tiene la responsabilidad de aumentar la capacidad política de la agencia, no aumentando el partidismo acérrimo, sino abriéndola de manera transparente y con plena rendición de cuentas al escrutinio del interés público. Esta es quizás la cualidad más importante de esta posición.

Esperamos con ansias que la persona designada cumpla con estos requisitos básicos. Estaremos vigilantes de procesos que solo busquen recuperar la normalidad del sistema y no su transformación profunda.

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