Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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El Distrito de Columbia no será el Estado 51

Con 526 años de coloniaje sobre las costillas, acá bien podemos entender a los habitantes del Distrito de Columbia en su reclamo para que se les reconozca como un estado de la Unión a la que sirven de centro y asiento oficial de gobierno.  

No obstante, esa petición plantea un poderoso obstáculo constitucional.  No es que sean pequeños, de raza mixta, cuestión de idioma, estén arruinados o plagados de corrupción; es que los constitucionalistas que forjaron la Unión los crearon de la nada como reserva federal para impedir la ubicación de la capital dentro de uno de los estados.  Ese principio constitucional elaborado para impedir que ningún estado sea privilegiado sobre los demás volaría en cantos si ahora el Congreso admite al Distrito de Columbia, tal como solicita una mayoría de sus residentes y líderes políticos.  

Lo primero por hacer es enmendar la constitución federal.  Eso conlleva un proceso más complicado que el ejercicio de admitir a un estado: la aprobación por dos terceras partes de la Cámara de Representantes y el Senado federal o dos terceras partes de las asambleas legislativas de los estados de la Unión; y luego, la ratificación por tres cuartas partes de las asambleas legislativas de esos estados.  Siendo origen del distrito la disputa entre New York y Philadelphia por la sede de la capital, imagínese el debate que ahora se provocaría en las asambleas legislativas de los estados.

Ese por sí solo – no otro – es el impedimento preeminente para la admisión del Distrito de Columbia como el estado 51 de la Unión, por lo que los creyentes de la estadidad en Puerto Rico no tienen que temer se les robe el turno a sus aspiraciones.  Nuestro proceso de admisión es relativamente sencillo: El Congreso lo aprueba por simple mayoría y establece las condiciones para la admisión mediante una ley habilitadora del nuevo estado, lo que puede incluir un período de adaptación económica como distrito incorporado.  La complejidad está en mover al Congreso después que la petición esté apoyada por una mayoría convincente y consistente en Puerto Rico.  Eso es lo que no admite pausa o descanso y, sin duda, requerirá que acá perseveremos en poner la casa en orden.

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