Carmen Fernández

Punto de vista

Por Carmen Fernández
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El doble filo de las redes sociales

Vivimos en una era digital donde Internet y la tecnología tienen un papel protagónico. Un claro ejemplo de ello es el uso diario y constante que hacemos de las diversas plataformas digitales o redes sociales. Estas últimas se han convertido en un instrumento imperante en nuestra sociedad e indiscutiblemente tienen gran repercusión en la vida moderna.  

De acuerdo con las estadísticas publicadas por The Global State of Digital in 2019, actualmente 3,500 millones de personas alrededor del mundo “hacen vida en las diversas plataformas sociales” (www.hotsuite.com /2019). Esto representa cerca de la mitad de la población mundial. Son muchas las redes sociales existentes y cada una cuenta con una cantidad enorme de seguidores, pero la primacía la tiene Facebook con 2,410 millones de usuarios. 

Las redes sociales permiten un intercambio y flujo de información rápido y masivo. Sus beneficios son múltiples cuando son utilizadas correctamente, pero preocupa grandemente el hecho de que a través de las mismas suele también difundirse mucha información falsa, incorrecta, tergiversada y/o manipulada. Las identidades falsas, el anonimato y la falta de rigurosidad en los protocolos de publicación, entre otros, unido muchas veces al deseo de hacer daño, son algunos factores que hacen que el riesgo aumente.    

Esta herramienta goza de un inmensurable poder. Recordemos el boicot que se inició en las redes sociales en el año 2012 contra un reconocidísimo programa de chismes que parecía ser inderrocable, pese a las críticas de diversas figuras públicas y varios sectores del país. Dicho boicot nació en las redes sociales y se fortaleció a pasos agigantados. El movimiento logró que los auspiciadores del programa retiraran sus anuncios. Eventualmente el manejador de la “muñeca” renunció y el programa, luego de 14 años de transmisión ininterrumpida, fue cancelado. 

Recientemente, el 17 de julio del 2019, los puertorriqueños fuimos testigos de la marcha más concurrida que haya quedado plasmada en la historia del país. Más de 400,000 personas acudieron a la misma para exigir la renuncia del entonces gobernador de Puerto Rico. Una vez más, en la gestación y convocatoria para dicho movimiento el papel de las redes sociales fue protagónico. El impacto de las redes sociales y el alcance de la información difundida en las mismas parecen no tener límites, lo que las convierte en un arma poderosa, que lamentablemente tiene doble filo.  

La manipulación de información en los medios masivos de comunicación social no es un asunto que nació con el uso de Internet, pero este permite que la información, verídica o no, se propague más fácilmente, acentuando así el problema. Esto crea una inmensa bola de nieve que comienza a rodar imparable e incesantemente. 

Y he aquí la gravedad del asunto. La información manipulada que se publica y comparte a través de las redes sociales puede hacer muchísimo daño. Puede mancillar reputaciones, crear pánico, afectar seriamente la credibilidad de una compañía, agencia o entidad, influir en la formulación de opiniones, llevar a emitir juicios erróneos, apoyar o rechazar una causa y/o influenciar en la toma de decisiones, entre muchos otros. Una vez el daño está hecho, parece no poder subsanarse porque, como ha pasado en multiplicidad de ocasiones, aunque se trate de enmendar lo publicado, la duda permanece. 

En lo inmediato, corresponde a cada ciudadano desarrollar una actitud objetiva y sobre todo un pensamiento crítico para analizar la información que recibe, no solo en las redes sociales, sino en cualquier otro medio de difusión social. Es responsabilidad de cada individuo evaluar la fuente de la cual recibe la información porque de ello depende, en gran medida, si da o no credibilidad a la misma. 

A tono con las estadísticas consultadas, las redes sociales se han convertido en la primera fuente de información. Poder mantenernos informados es imprescindible, pero es vital corroborar siempre la información recibida. Hacer uso de las redes sociales de forma libre es un privilegio negado a muchos, sobre todo en aquellos países en los que su uso está prohibido o regulado por el gobierno.   

Por lo tanto, utilicemos las redes de manera sabia, mesurada y consciente. Los beneficios que pueden aportarnos son ilimitados, pero tienen sus desventajas y riesgos. La pieza clave para su uso sigue siendo la mano que está detrás de las mismas, así que en nuestras manos está el poder que le otorgamos, al igual que su aportación.  

Winston Churchill dijo: “El auténtico genio consiste en la capacidad para evaluar información incierta, aleatoria y contradictoria”. Procuremos ser cada día un poco más sabios y críticos en nuestro pensar y actuar.


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