Angie Vázquez

Tribuna Invitada

Por Angie Vázquez
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El duelo colectivo, cuando fallece un líder

Da el pueblo su sentido pésame a la Familia Hernández-Colón-Mayoral en el fallecimiento del patriarca familiar y exgobernador de Puerto Rico. Independiente a perspectivas de afiliaciones políticas, es de todos conocido que Cuchín, como cariñosamente le apodaban, además de criar y legar una familia con valores culturales de orgullo a su puertorriqueñidad, dedicó su vida política a Puerto Rico, consagración agradecida que dificulta la aceptación de su partida.

La muerte se ha presentado, de nuevo, como recordatorio inequívoco de nuestra finitud mortal induciendo reacciones emocionales de duelo colectivo. Sentir confusión, incomodidad, pena, tristeza o dolor es de esperarse. Estos sentimientos son naturales sobre todo cuando existe aprecio, historia compartida incluso en conflictos o identificación con la persona fallecida, máxime con un líder que ha incidido en la vida del pueblo marcando una era política. Si alguien a su lado, o usted mismo, siente congoja por su fallecimiento debe ser respetado en su derecho a sentirse afectado y a poder expresar abiertamente su pena.

El duelo siempre es, en esencia, una respuesta colectiva y pública. Aun así, hay quienes preguntan: ¿pueden las personas pueden sentir dolor emocional por fallecidos que no son personalmente conocidos? ¿Es eso normal? La respuesta es afirmativa. Es algo positivo. Sentir pena personal, o empatía con los dolientes afectados, es una muestra importante de preocupación y cuidado entre los miembros de toda sociedad. La virtuosidad de un pueblo en dolor radica en su capacidad de honrar sus muertos logrando unión de sentimientos que sobrepasen diferencias cotidianas. Es desagradable quien trivializa o juzga con cinismo la tristeza natural de los dolientes. Si no podemos unirnos en el dolor, o con los dolientes, no podremos hacerlo bien tampoco en la alegría.

¿Hasta dónde puede llegar la pena y el duelo? Los expertos sostienen que el grado de tristeza es proporcional al afecto, enlace y relación con la persona difunta y esto no depende solo de lazos directos personales sino también de lo que simboliza o representa. Un líder admirado y querido, aunque no se conozca personalmente, tiene la capacidad de provocar profunda pena en su pueblo. Al morir, el futuro se empaña de alguna forma por la ausencia, al menos temporalmente.

No hay una sola forma “correcta” de hacer o sentir duelos, pero se ha demostrado que contar con rituales funerarios que permitan espacios colectivos para rendir honores al recuerdo del ser querido ayuda positivamente. En la muerte de un líder de gobierno se cuenta con protocolos ceremoniales de estado que dan acceso al pueblo a despedirle en cuerpo presente y eso es bueno. Permite que las personas puedan conversar, compartir e integrarse al grupo doliente. Participar en las ceremonias para expresar respeto solemne es importante y explica la gran cantidad de personas que se auto convocan en las funerarias,procesiones al cementerio y con la tecnología de las redes sociales, en portales como Facebook, Instagram o Twitter.

Cuando una sociedad llora sus muertos y líderes aumenta la cohesión de grupo y la esperanza de continuidad hacia el restablecimiento del orden y de las estabilidades necesarias en la vida social y personal. Al prever su muerte, un buen líder, además, lega palabras de sosiego, compasión y esperanza para sus seguidores, muy similar a lo que hace el agonizante con su familia. Esto ayuda en la empatía a la unificación de dolientes, la búsqueda del sentido existencial o espiritual, la reafirmación de la continuidad a pesar de la fractura que impone la muerte. 

Por eso sus palabras, citando a su nieto Pablo Hernández, son prospectivamente esperanzadoras. Estas fueron y siguen siendo las palabras de “retiro” de Hernández Colón al plantearse cómo quería ser recordado: “como una persona que tuvo y tiene una gran fe en el pueblo puertorriqueño”. Un pueblo que llora y recuerda a sus líderes tiene futuro porque, sobre toda diferencia, comparte su duelo como la comunidad que es.

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