Bárbara I. Abadía-Rexach
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El duelo del racismo

En los medios de comunicación de Puerto Rico, por décadas, se ha practicado el “blackface”. Personas que no se autoidentifican como Negras pintan sus rostros de negro para caracterizar personajes a través de la comedia. Estas caracterizaciones ridiculizan la Negritud y promueven el racismo a través del prejuicio y el discrimen contra personas Negras. Casi una veintena de personajes en “blackface”, se han identificado en la televisión insular: Diplo, Chianita, Pirulo el Colorao, Peyo el prieto, Pedro Fosas Nasales, Willie el merenguero, entre otros.

Recientemente, la actriz Ángela Meyer preguntó a su público, en su cuenta de Facebook, si debía revivir el personaje de Chianita durante la época eleccionaria. El sondeo de Meyer sirvió para ratificar la necesidad de enseñarle a ella, a sus homólogas/os comediantes y a la audiencia sobre las prácticas anti-Negritud que se producen a diario en la isla.

Con un acto de educación antirracista, enmarcado en el Decenio Internacional para las/os Afrodescendientes (2015-2024) de las Naciones Unidas, un grupo intergeneracional de profesionales llevó a cabo una manifestación para enterrar la práctica del “blackface” en Puerto Rico. El reclamo ha propiciado reacciones que metaforizan las etapas de duelo del racismo en Puerto Rico.  

Negación. ¿Cuál es el problema con que comediantes se pinten de negro? ¿Qué pasa con el “blackface”? ¿Qué hay de malo con que hagan reír al público? Si usted no puede responder esas preguntas, no reconoce cómo opera el racismo. Cuando una persona no-Negra recurre a pintarse la cara de negro para caracterizar un personaje, violenta la dignidad de las personas Negras.

Ira. ¡Entierran el “blackface” en Puerto Rico y se ensañan con actores y actrices que están haciendo su trabajo! ¡Gente acomplejada que se mete con las habichuelas de la clase artística del país! Si usted cree que para hacer reír es necesario burlarse y ridiculizar, desconoce que el “blackface” es una agresión que hiere a las personas evidentemente Negras. Además, minimiza el talento de las/os artistas que bien pueden recurrir a otras formas de sacarle carcajadas a su público.  

Negociación. ¡Yo no soy racista!, asegura mucha gente en un país donde la mayoría se autoidentifica fenotípicamente como blanca. Si usted piensa que no es racista porque pertenece a la “gran familia puertorriqueña” (Rivero, 2005) y es producto de la mezcla de tres únicas razas, o porque tiene familia y amistades Negras, no sabe que el racismo se manifiesta desde el reconocimiento. Usted se coloca en una posición de superioridad y ubica a la persona Negra en un espacio de inferioridad. Seguramente, usted canta a viva voz, sin cuestionarse, que Puerto Rico es la “tierra donde vive el blanco junto al Negro en armonía”.

Depresión. Enterrar personajes de comedia es un ataque personal, dice alguna gente; atenta contra la libertad de expresión, reclama otro puñado de personas. Si usted le coge pena a quienes perpetúan un problema, se olvida de quiénes son las víctimas y por qué hay personas que padecen la invisibilización. No es consciente que a las personas Negras se les visibiliza desde la marginación.

Aceptación. El entierro al “blackface” en Puerto Rico no solo destapó el prejuicio y la discriminación por raza; también, develó el clasismo y la xenofobia flagrantes. Identificar tantos personajes contemporáneos en “blackface” da cuenta de cuan normalizado e institucionalizado está el racismo en la sociedad puertorriqueña.

El entierro al “blackface” ha producido un diágnóstico inequívoco y ha propiciado la resurrección de la Negritud para quienes la pensaban agonizante. La inhumación del “blackface” ha permitido el desarrollo de estrategias para contrarrestar los discursos racistas. El sepelio alegórico ha despertado una coalición entre Negras, Negros y Afrodescendientes que utilizan la educación antirracista para combatir el racismo en Puerto Rico desde diversos frentes. Ha renacido la celebración de una Negritud dignificada. 

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