José Luis Galarza

Punto de vista

Por José Luis Galarza
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Elecciones a lo Maduro

Hace 70 años, el 8 de junio de 1949, se publicó la novela 1984, de George Orwell. Esta novela política, que describe un estado totalitario que utiliza la tecnología como medio de control, ha fascinado a lectores por décadas. Hoy se hace imperativo revisitar esta novela ante la intentona de vendernos cambios al sistema electoral en los que el dulce se disfraza de tecnología y el totalitarismo o control absoluto en manos de una persona o partido se disfraza de alegadas economías y reestructuraciones administrativas. 

De aprobarse la legislación propuesta por el presidente del Senado de Puerto Rico, Thomas Rivera Schatz, se coloca en marcha un macabro plan que permite el control absoluto de los procesos electorales puertorriqueños por el Partido Nuevo Progresista. Así, con pasmosa tranquilidad y en la certeza de que el control absoluto es la única vía de adelantar sus causas, un partido político decide derrumbar un sistema electoral que ha batallado contra la compra del voto, la manipulación de resultados, la interpretación acomodaticia de la intención de los electores y hasta el apoderamiento del Poder Judicial como intérprete de las normas electorales y sus consecuencias democráticas. La maduración de nuestro sistema electoral no ha sido fácil, requirió entendidos y su resultado ha sido el ejercicio vivo y continuo de consensos.

Consenso, palabra acuñada rápidamente al momento de analizar y procurar atender crisis sociales y políticas en temas de desarrollo económico, salud, seguridad, educación en Puerto Rico, es la base del sistema electoral hasta la fecha. En la práctica el consenso ha sido logrado, casi con exclusividad en el quehacer público puertorriqueño, en el sistema electoral. Con la intentona del proyecto para cambiar ese sistema, el consenso sucumbe a la ambición de poder.

En las décadas de los años setenta y ochenta del siglo pasado, el referente antidemocrático utilizado por el PNP en su discurso político era Cuba. La distinción principal era que el voto allí era una falacia, en tanto y en cuanto todo era controlado por el único partido político. En nuestros días, ese discurso cambió de país, a Venezuela.

¿Por qué exponer que las elecciones en Puerto Rico serán a lo Maduro? Fíjese que el sistema electoral venezolano es automatizado desde 2004. En julio de 2006, el Centro Carter publicó un análisis titulado “Reflexiones y aportes para la reforma de la legislación electoral venezolana”. Allí reconoce que Venezuela es uno de los primeros países en integrar el sistema automatizado de votación y la justificación de que el escrutinio o conteo de votos y publicación de resultados es inmediato y rápido. Sin embargo, presenta como peligro los cuestionamientos de alteraciones y fraude, ya que el control último recae en un partido, excluyendo a los demás.

Así que reclamos de rapidez tecnológica y alegadas salvaguardas computadorizadas del sistema electoral son insuficientes para que el mundo confíe en el resultado de los procesos electorales venezolanos de estos tiempos. La razón de la desconfianza es que el proceso completo está en manos de una entidad controlada por un partido político, el de Maduro.

El voto por Internet, los endosos electrónicos, los cambios al registro electoral por cada persona, de manera electrónica, son innovaciones tecnológicas importantes. Sin embargo, no pueden estar en manos de un solo partido. No hay tal cosa como gestiones puramente administrativas en los procesos electorales. Todo proceso electoral es, por naturaleza, político y como tal no puede delegarse en un partido o en una entidad en la que participe un sólo partido. Ese es el precio de la democracia. Lo contrario es un gobierno totalitario, como Venezuela, a lo Maduro. En palabras de Orwell, “el poder no es un medio; es un fin en sí mismo”. Ahora, lo que queda claro es que lo que busca la medida de Rivera Schatz es hacer de nuestras elecciones unas al estilo Maduro.

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jueves, 26 de septiembre de 2019

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