Andrew Ortiz

Tribuna Invitada

Por Andrew Ortiz
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El eclipse que unió a Puerto Rico

El lunes, 21 de agosto de 2017, será un día difícil de olvidar.  Hay fechas que el mundo recuerda por asuntos terribles, pero esta vez será por un tema constructivo… ¡Un eclipse solar!  Este evento, pocas veces repetido en la historia, sirvió para unir y resaltar la importancia de la naturaleza, el respeto que sentimos por ella y la ciencia que la estudia.  Ese día, el eclipse solar total que se pudo observar en 14 estados de los Estados Unidos continentales y en Puerto Rico se pudo apreciar de forma parcial con alrededor de un 80% del Sol cubierto por la Luna. Esto ocurrió debido a que, desde nuestra perspectiva, el Sol, la Tierra y la Luna no estaban alineados en una línea derecha perfecta y lo que experimentamos fue la parte exterior de la sombra creada sobre la tierra conocida como penumbra. El fenómeno recurrente a grandes espacios de tiempo fue visto en Puerto Rico desde diversos lugares del país, entre ellos tuvimos la oportunidad de trabajarlo desde el Observatorio de Arecibo y desde el Centro de Convenciones de Puerto Rico con el Ecoexploratorio Museo de Ciencias de Puerto Rico.

Conocer la magnitud del impacto del evento en lo social y en lo económico, será difícil de cuantificar.  El Observatorio de Arecibo tuvo ese día la realización de experimentos que sólo se podrían efectuar durante el eclipse y se llevaron a cabo observaciones únicas que son el producto de esa interacción entre el Sol y la Tierra con la Luna en medio de ambos cuerpos celestes. La radiación solar es responsable de ionizar los átomos y las moléculas de las altas capas de la atmósfera. Un eclipse provee un laboratorio natural en el que se pueden estudiar los cambios en densidad de iones en la atmósfera bajo las diferentes condiciones causadas por el eclipse.  Además, representa una oportunidad sin precedentes para profundizar nuestra comprensión del Sol, así como de la atmósfera de la Tierra.

Un eclipse que unió a un país en una fecha para recordar, como vimos en un hermoso afiche, fue el día que miramos al firmamento, la nación se detuvo mirando hacia el cielo y prevaleció la paz sobre todo. En el Observatorio de Arecibo tuvimos la oportunidad de presenciar cómo los visitantes se regocijaban observando un evento que demuestra las maravillas del Universo. Ese día, tanto en jóvenes como en adultos, nació una nueva apreciación y una creciente pasión por las ciencias y por el mundo que nos rodea. Algunos niños gritaban de júbilo porque veían el sol eclipsado por primera vez en sus vidas, mientras adultos quedaban sorprendidos por el majestuoso evento. Muchos se percataron de que los avances tecnológicos y las ciencias permiten al ser humano apreciar la naturaleza y vivir la vida de una forma más plena.

Hoy maestros, estudiantes, habitantes de Puerto Rico y de cualquier parte del mundo debemos fomentar lo que ese día aprendimos.  La ciencia convive con nosotros endonde quiera que nos movemos; convivimos con ella.  Ojalá sea el inicio de un nuevo interés de conocer más e impulsar el que nuevas generaciones se desarrollen en estos temas.  En esta ocasión, sin lugar a dudas, el eclipse fue un bálsamo de energía positiva para nuestra gente que carece de espacios y momentos donde la familia disfrute sanamente. ¡Sin lugar a dudas la ciencia nos unió!

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