Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
💬 0

Elegía por la Pava

Luis Muñoz Marín dijo una vez: “Al Partido Popular, solo lo derrota el Partido Popular”. Hablaba verdad. El Partido Popular Democrático (PPD) de cuando se podían decir cosas así era, de verdad, Daniel entre los leones.

Desde su fundación, en 1938, hasta 1968, no perdió ni una elección. Y en 1968 perdió porque estaba dividido. Durante ese tiempo, pudo dibujar a Puerto Rico a su imagen y semejanza, aunque dentro de los contornos que le permitiera Washington, que igual que ahora, nos llevaba con brida corta.

El PPD también fue el vehículo que usó Estados Unidos para perpetrar el monumental engaño del “gobierno propio”, que se cayó como un castillo de arena arrasado por una ola en 2016, con el PPD, en una de esas finas ironías del destino, en el poder.

Los márgenes de victoria del PPD por aquellos años no se han vuelto a ver jamás en este país. En 1948, 1952 y 1956, por ejemplo, Muñoz Marín, como su candidato a la gobernación, sacó el 61%, 65% y 63% de los votos respectivamente. Lo más cerca a eso que ha llegado alguien que no sea PPD fue Luis Fortuño, que en 2008 sacó el 53% de los votos. Su rival esa vez, conviene recordar, era Aníbal Acevedo Vilá, quien se presentó a la contienda trayendo a rastras un pesadísimo caso criminal cortesía del gobierno de Estados Unidos.

De aquel partido brioso, casi imperial, que era fuerza y ley en esta tierra, no queda hoy ni el aroma. El PPD es ahora un animal viejo y cansado que le cuesta hasta explicarse a sí mismo. Sus líderes a menudo no pueden ni verse los unos a los otros y casi nadie tiene claro qué propone.

Lleva años repitiendo que tiene que “recobrar la mística”, “volver a sus orígenes”, “recuperar su alma” o unos cuantos planteamientos esotéricos así, usados para no mirar de frente la inconfesable verdad de que se le acabó lo que hubiera podido tener alguna vez para ofrecerle a Puerto Rico. De un tiempo a esta parte, su principal oferta es simplemente no ser el Partido Nuevo Progresista (PNP).

Se ha oído a algunos populares reconocer en privado, sin alegría, y sin ánimo de exagerar, que es posible que Alejandro García Padilla (2013-2017) haya sido el último de los gobernadores populares. Es que no se ve una vía por la cual el PPD pueda recuperar la ruta de ganar elecciones.

El voto íntegro está en crisis hace tiempo, pero sigue siendo una de las principales medidas de la fuerza de un partido. En las elecciones de 2016, los 525,582 votos íntegros que recibió el PPD fueron el 33% del total de emitidos. Esos votos íntegros fueron el 44% de los obtenidos en 2000. En el mismo periodo, la reducción del voto íntegro del PNP fue de 33%.

La Encuesta de El Nuevo Día, publicada la semana pasada, dice que solo el 29% de los electores en Puerto Rico se identifican como populares. Este periodista sabe de otras que pintan la militancia popular más o menos en ese rango e, incluso, menor.

La Encuesta causó pánico en las filas populares. No es para menos.

No ha habido quizás ningún cuatrienio más desastroso que este. El pueblo tuvo que botar al gobernador Ricardo Rosselló, a mitad de término, de malo que salió. Fueron arrestadas por corrupción las jefas de las agencias que más presupuesto manejan. Las instituciones colapsaron.

Las respuestas a fenómenos naturales agregaron desastres a los desastres. El país ha sido testigo, en múltiples instancias, de la desfachatez con la que se pone el gobierno al servicio del partido.

Uno de los candidatos del PNP a la gobernación, Pedro Pierluisi, quiso meterse de manera ilegal a La Fortaleza y el Tribunal Supremo tuvo que sacarlo. La otra candidata, la gobernadora Wanda Vázquez, era la secretaria de Justicia del gobernador botado y mantiene a casi todo su mismo y muy a menudo mediocre equipo, con algunos personajes que este país de verdad detesta, ahí como si nada.

Ni aun así el PPD tiene perspectivas de triunfo. Creían sus líderes que con las cosas así la victoria les iba a caer en la falda como una guanábana.

Nadie habría podido inventar un rival con más problemas que el PNP. Pero el PPD, que antes aplanaba contrincantes con pisada de paquidermo, hoy no le gana ni a ese PNP motor de tantos desastres y escándalos.

La primera explicación a eso es que, por razones sobre las cuales se puede estar una vida discutiendo, el PNP tiene una base más fiel y más amplia que la del PPD. Esa base, de cerca de un 40% del electorado, tampoco es tan grande como antes. En unos años, lo que se escribe hoy del PPD podrá ser escrito también del PNP. Pero, en este momento, sigue siendo suficiente para ganar elecciones generales.

Otra explicación (sin duda hay más) es que el PPD no tiene ya capacidad de atraer gente nueva a sus filas. A medida en que sus huestes tradicionales van envejeciendo y muriendo, se va haciendo más pequeño.

Dejó de serle suficiente clamar “no soy el PNP” para ganar elecciones, como fue el caso, más de una vez, en los últimos treinta años.

El país ha vivido momentos de extrema convulsión en tiempos recientes.

El PPD ha estado en las gradas, viendo al pueblo batallar, sin sudar ni comprometerse. Por esto y por muchas otras cosas, hay un enorme sector de la población que mira hacia arriba y no logra distinguir con claridad qué es el PPD y qué es el PNP.

Tiene tres candidatos a la gobernación, pero ninguno ha logrado establecer vínculos emocionales con el país, ni hacer que mucha gente les preste atención.

Hay uno, Eduardo Bhatia, cuyas principales ideas (escuelas charter y privatización de la AEE) son las mismas del PNP; él solo promete que lo haría de manera distinta. La otra, Carmen Yulín Cruz, habla mucho de lo que no quiere (privatizar la AEE, cooperar con la Junta de Supervisión Fiscal), pero muy poco de lo que quiere. Al tercero, Charlie Delgado, no se le conoce ninguna idea original desarrollada. Sobre Delgado, otro líder popular dijo a este periodista: “Dice muchas cosas que cualquiera quelea el periódico puede decir”.

El PPD, además, tiene un serio problema con su candidato a comisionado residente, Aníbal Acevedo Vilá, con quien prácticamente ningún otro líder quiere ser visto en público.

De paso, el que solo Acevedo Vilá haya aparecido para aspirar a ese importante puesto dice mares de cómo están los ánimos y las esperanzas en el futuro dentro de ese partido.

El representante Tatito Hernández, portavoz cameral del PPD, anduvo no hace mucho por Washington, junto a un penepé, pidiendo que a la Junta de Supervisión Fiscal la cambiaran por un síndico. A nadie del liderato de su partido ni lo inmutó tamaña osadía.

De status, ni se diga. Los populares que no siguen con el absurdo de que Puerto Rico no es una colonia, quieren soberanía con ciudadanía estadounidense y fondos federales.

Por ese valle de cráteres humeantes, pues, anda hoy el partido que antes solo podía ser derrotado por sí mismo. No está muerto (todavía). En este momento, por ejemplo, tiene más alcaldes que el PNP. Pero le están pasando las cosas que matan a los partidos. Es casi un zombie que carece de pasión, ideas, arrojo, entusiasmo y, sobre todo, un mensaje que lo distinga de otros y que convenza.

Es por eso que quizás conviene que se le vaya comprando la mortaja, con cargo al fondo electoral, si se puede.

Otras columnas de Benjamín Torres Gotay

sábado, 16 de mayo de 2020

Esperando la estadidad

Son muy escasas las posibilidades de que la consulta de status que se llevará a cabo el día de las elecciones produzca algún cambio, escribe Benjamín Torres Gotay

sábado, 9 de mayo de 2020

Lo poco que nos queda

Entre toda la turbulencia de los últimos años, los puertorriqueños tenemos confianza casi total en la pureza de nuestras elecciones. La reforma electoral ante la consideración de la gobernadora cambia eso, dice Benjamín Torres Gotay

sábado, 2 de mayo de 2020

A caminar en tierra minada

Nótese la temeridad: después de 50 días de encierro, nos dan permiso de salir cuando viene el peor momento. Eso no hay cómo explicarlo, escribe Benjamín Torres Gotay

domingo, 26 de abril de 2020

En un callejón sin salida

La incapacidad del gobierno para manejar la crisis del coronavirus hace que no se pueda precisar en este momento cuándo la vida puede volver a la normalidad, escribe Benjamín Torres Gotay

💬Ver 0 comentarios