Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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El ejercicio como medicina contra el cáncer

El tratamiento del cáncer tiene su precio, y no me refiero al costo en dólares, que ya de por sí es alto. Aunque frecuentemente el tratamiento es efectivo, no siempre es así, y además puede causar agotamiento, entre otros efectos adversos. Por lo tanto, continúa la búsqueda de opciones para prolongar más, no solo la expectativa de vida, sino también la calidad. Aún más importante, debemos optimizar las estrategias para evitar que personas sanas desarrollen cáncer, algo que conocemos como prevención. 

Contrario a todas las otras medicinas, la que voy a discutir es libre de costo, y no tiene madre, ni tampoco padre. Sorprendentemente, en algunos tipos de cáncer esta medicina es tan efectiva como la quimioterapia. No, no es bicarbonato de sodio, “la kryptonita” contra el cáncer que alegadamente los oncólogos ocultamos al público “porque no queremos que nuestros pacientes se curen”. De acuerdo con estos cínicos, si los curamos, nos morimos de hambre.

Esta medicina no tiene progenitores porque no es producida por ninguna farmacéutica y por tanto los representantes médicos no nos visitan para hablarnos de sus virtudes. Lo más interesante es que este tratamiento no solo puede prolongar la vida, sino que trabaja también como prevención. Se trata del ejercicio físico.

Hace más de 10 años, muchos médicos nos preocupábamos de que de alguna manera el ejercicio podría empeorar la condición de los enfermos de cáncer, particularmente en las mujeres con linfedema, una hinchazón del brazo que ocurre después de cirugía de mama y de axila. Sin embargo, desde entonces hemos sido testigos de un crecimiento extraordinario en estudios relacionados con la actividad física y la enfermedad. En 2010, un grupo de investigadores publicó sus primeras pero modestas recomendaciones: el ejercicio parece ser seguro para la mayoría de las personas con cáncer y los pacientes deben intentar, en general, mantenerse activos. Pero ahora, en 2019, hay mucha más información. 

El año pasado, 40 investigadores pertenecientes a 17 grupos internacionales, se reunieron para determinar si ya había evidencia suficiente para formular recomendaciones mas definitivas sobre cáncer y ejercicio. El grupo terminó revisando cientos de estudios en animales y humanos, que exploraron docenas de aspectos, incluyendo el tratamiento y la prevención del cáncer. Y este mismo mes, el “American College of Sports Medicine” y la Sociedad Americana Contra el Cáncer, junto con otras 15 organizaciones internacionales, acaban de actualizar sus recomendaciones usando datos nuevos sobre cuánto y qué tipos de ejercicio pueden ser los más útiles para personas que enfrentan un diagnóstico de cáncer. Los hallazgos fueron muy puntuales.  En cuanto a prevención, descubrieron que personas que hacían ejercicio tenían un riesgo menor de desarrollar ciertos tipos de cáncer comparado con personas sedentarias. El ejercicio es especialmente efectivo para disminuir la probabilidad de padecer siete tumores muy comunes: cáncer de colon, mama, endometrio, riñón, vejiga, esófago y estómago. En resumen, se puede decir que el ejercicio es una excelente medicina para la prevención de estas enfermedades.

Pero lo que observaron no se limitó al impacto en la prevención. En múltiples estudios recientes, el ejercicio también cambió la trayectoria de tumores ya establecidos. Comenzando por estudios en animales experimentales, el ejercicio, entre otras cosas, activa algunos genes supresores de tumores, deteniendo el crecimiento del cáncer. Y en humanos, el ejercicio —durante o después del tratamiento del cáncer— se asocia con una sobrevivencia significativa. Los autores concluyen que se debe incorporar el ejercicio al manejo del cáncer. La evidencia ya es suficiente para poder decir que después de un diagnóstico de cáncer de mama, colon y próstata, el ejercicio prolonga la vida. Los enfermos con estos tumores que hicieron ejercicio experimentaron una disminución de 31% del riesgo de morir de su cáncer.

Una de las quejas más frecuentes de mis pacientes es el agotamiento producido, no por ejercitarse, sino por el tratamiento. Hasta ahora no existía una medicina efectiva para manejar esto. Por tanto, uno de los hallazgos más importantes en estos estudios es que el ejercicio es sumamente efectivo para manejar ese síntoma, pero debe ser un ejercicio moderado. Los pacientes con agotamiento que más se beneficiaron fueron los de cáncer de próstata. Como si fuera poco, el ejercicio también disminuye la ansiedad y la depresión que con frecuencia experimentan estos pacientes debido a su diagnóstico, y que a su vez contribuye al agotamiento físico.

Los autores de estas publicaciones terminan diciéndonos que las personas con cáncer deben aspirar a hacer ejercicio al menos tres veces por semana a una intensidad moderada, como por ejemplo caminar a paso ligero durante 30 minutos, y también si es posible, levantar pesas dos veces por semana.

En el Centro de Cáncer Auxilio Mutuo tenemos hace tiempo ya un programa gratuito de ejercicio que se le ofrece a todos nuestros pacientes. Dicho programa está dirigido por una entrenadora certificada, “Paca” Benítez. Dado los grandes beneficios asociados al ejercicio, las aseguradoras deberían cubrir en las pólizas los costos de proveer el necesario entrenamiento. Les resultaría muchísimo más barato y hasta más efectivo que algunas medicinas.

Es cierto que el ejercicio no es una medicina natural. Las ganas de hacer ejercicio no nos llegan de forma natural, sino que lo natural es huirle al ejercicio, y por tanto aquellos adeptos a todo lo natural y en contra de todo lo artificial, podrían usar eso como pretexto para evitarlo… pero el ejercicio no es una medicina sintética, así que no hay excusa.  Debemos ejercitarnos todos. Hay muy pocas justificaciones para evadirlo. 

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