José Hernández Mayoral

Punto de vista

Por José Hernández Mayoral
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¿El ELA como enmienda a la Constitución?

Se acaba de publicar un ensayo en Foreign Affairs en el que se discuten alternativas que resolverían el asunto del status de una vez y por todas. El escrito no contiene revelaciones, pero hay un planteamiento inusual: sugiere que la relación de Estado Libre Asociado se podría reformar mediante una enmienda a la Constitución. 

Eso suena complicado. Pero su autor, Antonio Weiss, fue subsecretario del Tesoro bajo Barack Obama. Él tuvo que negociar la ley Promesa y, por ende, conoce la manera de pensar del Congreso, republicanos y demócratas, en cuanto a Puerto Rico. Cuanto menos hay que escuchar lo que plantea.

Las alternativas de status que reconoce son las usuales: la independencia, la estadidad y el Estado Libre Asociado. No menciona la libre asociación, probablemente porque la ubica –tal cual lo hizo la Casa Blanca de Obama y ahora la de Donald Trump– como independencia.

Sobre la independencia dice lo de siempre. Observa que tiene poco apoyo popular. Le ve como ventaja el poder contar con un banco central y moneda propias, así como poder desarrollar sus propias leyes laborales, contributivas y políticas comerciales. Pero, a la misma vez, ve el problema que conlleva esa opción para una isla que recibe grandes cantidades en transferencias federales, así como la complejidad que trae la discusión sobre la ciudadanía.

En cuanto a la estadidad repite lo que sabemos pero algunos no quieren oír. Las empresas americanas probablemente se irían, y si bien algunos ciudadanos recibirían más ayudas federales, el estado perdería cerca de cinco mil millones de dólares en recaudos contributivos al integrarse al sistema federal.

Esa pérdida de recaudos contributivos es una tranquilla que hace la opción de estadidad inviable. Los estadistas pueden hacer todos los plebiscitos que quieran, estructurándolos como deseen para lograr los resultados que necesiten, pero a ese cacharrito se le acaba la gasolina cuando se tiene que enfrentar a la incapacidad para balancear los presupuestos con la mitad de los recaudos. 

La única salida que le ve Weiss a ese problema sería que el gobierno federal accediera a pagar parte de la deuda y de las pensiones. Eso no es realista. Que yo sepa, Estados Unidos nunca ha asumido la deuda de un territorio cuando lo ha admitido como estado. Normalmente es al revés, le transfiere la deuda del territorio al nuevo estado. 

Lo que nos trae de vuelta al ELA, declarado muerto muchas veces por sus detractores pero dado a las reapariciones. El ELA se concibió como solución a la inviabilidad de la independencia y estadidad. Mientras sean inviables, la autonomía seguirá vigente.

Weiss entiende que para solucionar el problema de status por medio del ELA hay que crear una nueva categoría constitucional. Ni estado, ni territorio, como entidad política con mayor autonomía, paridad en programas importantes y voto presidencial. Lo ubica evidentemente dentro de la federación y no como libre asociación (para lo que no se requeriría una enmienda constitucional).

Ojalá se pudiese reformar el ELA de ese modo, pero hay que plantearse si eso es lograble. Enmendar la Constitución norteamericana es una gran tarea. Requiere aprobación por dos terceras partes del Congreso (Cámara y Senado) y ratificación por al menos 38 estados. Weiss reconoce esa dificultad pero señala que se ha podido hacer 27 veces. Cierto, pero sobre asuntos de interés amplio para los americanos. 

Desde los inicios, los estadolibristas hemos buscado otras formas de perfeccionar el ELA. Algunos lo harían enmendando la Ley de Relaciones Federales. Otros entendemos que debe ser mediante un pacto formal que sustituya dicha ley. Lo importante por ahora es que se reconozca la opción y se busquen “nuevos caminos hacia viejos objetivos”.

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