Antonio Quiñones Calderón

Tribuna Invitada

Por Antonio Quiñones Calderón
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El “ELA” en la cúspide del fracaso

La votación plebiscitaria de este domingo no fue, nadie ha dicho ni pretendido que lo fuera, la última. El reclamo de los derechos absolutos inherentes a la ciudadanía que ostentan los residentes de los territorios estadounidenses ha sido arduo y largo, por su propia naturaleza y por las vergonzosas obstrucciones de los amantes del indigno coloniaje.

Larga también fue la valerosa lucha de los negros estadounidenses por superar la indignante discriminación en su contra. Ellos también enfrentaron las obstrucciones de otros trogloditas que incluso les azuzaban perros buscando que desistieran en su gesta. Los de Puerto Rico han lanzado toda clase de saetas en su intento -que a la larga fracasará, más temprano que tarde- empeñados en detener el avance del fin de la miserable colonia que nos carcome colectivamente.

Muchas puertas tuvieron que abrir los afroamericanos para llegar a la meta del respeto a la dignidad que merecían. Muchas se fueron entreabriendo paulatinamente. Hasta que el coraje de una sola de ellos, el de Rosa Park, negándose a ceder su asiento en la guagua a un blanco infeliz, provocó el detonante que desembocó en el final del escarnio social de aquella época.

Ayer, la presencia de medio millón de electores que ratificaron el reclamo de estadidad para Puerto Rico abrió otra puerta de dignidad y valentía que acrecentará el detonante hacia el fin del coloniaje. Agréguese al 97% de los electores de ayer que respaldaron la estadidad -ojo, en los procesos democráticos se cuentan los votos, no las intenciones de quienes boicotean la democracia-, el 54% de puertorriqueños que en 2012 acabó con el coloniaje por consentimiento y en una proporción de 61.6% apoyó la estadidad, para entender el valor de otro trecho significativo en el camino por la igualdad.       

Como cuestión de realidad, con la votación de este domingo, por segunda vez, el pueblo de Puerto Rico acabó con el consentimiento de la colonia y se decidió contundentemente por la única y verdadera unión permanente con la nación cuya ciudadanía ostentamos, aún medias, pero ya no por mucho más tiempo.

Desde luego que no lo van a reconocer los amantes de la colonia prevaleciente aquí desde 1898 y sus portavoces oficiosos. Y, ¡qué ironía!, algunos de ellos dándose golpes de pecho de independentistas.

Lo que ocurrió este domingo tiene analogía con el deporte del béisbol.

Así, el equipo del Partido Popular, cuyo dirigente (Héctor Ferrer) y gerente general (Rafael Hernández Colón) tienen a cargo el cuadro peloteril del llamado “Estado Libre Asociado”, no se presentó este domingo al terreno de juego. En consecuencia, el juego fue confiscado a favor del trabuco de la estadidad. Los rojos, pues, se mantienen en el frío sótano, repudiados por más del 90% de la fanaticada electoral.

Y ya van por tres las derrotas, en cuatro oportunidades al bate, para el equipo popular en la serie detemporadas plebiscitarias de 1993 a 2017.

La decadencia del llamado “ELA” a partir de su primera presentación en sociedad en 1967 ha sido dramática: de 60.4% de apoyo en el primer plebiscito de estatus de aquel año a 39.3% en el de 2012. Cuando observamos que en 1952 la Constitución de gobierno local (que el liderato popular comenzó a insistir, falsamente, en que representaba un cambio de estatus) recibió 82% de respaldo, el resbalón es aún peor. Como decía Tavín Pumarejo, el llamado “ELA” alcanzó ayer la cúspide del fracaso.

Por lo demás, con el 97% de apoyo indiscutible recibido ayer, la estadidad continuó, como desde 1967, el ascenso a la cima: de 39% de apoyo en aquel plebiscito, a 61.6% en 2012 y a 97% este domingo.

¿El paso siguiente? Hacer valer la voluntad del pueblo de Puerto Rico. Lo que no hizo el anterior gobierno colonial toca hacerlo al presente.

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