Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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El entierro de Chianita: un complot chino

Hace dos o tres días leí una noticia que fue inmediatamente sepultada por el fárrago de la campaña electoral.

La actriz Angela Meyer estrenaba un segmento, creo que de cinco minutos, en un programa de televisión, reviviendo su antigua caracterización de Chianita, una mujer negra y pobre, que parodeaba las promesas de los políticos, haciendo gala de la picaresca de pueblo.

Ese primer día del retorno de Chianita, un grupo de “manifestantes” se presentó en Univisión y enterró simbólicamente al personaje. A la vez exigió que lo eliminaran, cosa a la que el canal accedió. Eso es lo peor: que el canal accediera. Una vergüenza que doblara las rodillas ante la estupidez.

Con los mismos argumentos que esgrimieron los terroristas que atacaron a los trabajadores del semanario humorístico francés “Charlie Hebdó”, los manifestantes que sacaron a Chianita consideraron que, dentro de un paso de comedia, era ofensivo que una mujer se maquillara la cara de negro. (Nótese que son actitudes importadas de los Estados Unidos, hasta lo dijeron en inglés, “blackface”, vean el sesgo del colonizado). Entonces, para no enterrar sola a Chianita, enterraron también a Diplo, a Cuco Pasurín, a Pedro Fosas Nasales y a otros personajes que a ellos “no les gustan”.

Pues les digo algo. Bajo los mismos criterios, ¿por qué no van a Telemundo y “entierran” a los personajes de las comedias de Raymond Arrieta? En ese programa hay un sketch, que he disfrutado en más de una ocasión, y que está ambientado en una barra donde aparece un gay hiperbólico, una mujer controladora, un fanfarrón machista. ¿Por qué no van allí? ¿Por qué no van al show del mediodía, o de la hora que sea, donde veo que Arrieta se disfraza de mujer y parodia a una vieja? Con Arrieta no se atreven, ¿verdad? A lo que sí se atreven es a llevar esa ridícula protesta contra los más vulnerables, una mujer de otra generación, Angela Meyer, que trata de participar en una industria donde cada vez hay menos oportunidades para los comediantes de todas las edades.

En un País que se está “otomanizando”, donde le damos una patada a una piedra y sale una novela turca, aquí los defensores de un fundamentalismo distinto al de los religiosos, pero igual de arbitrario, no tienen nada mejor que hacer que pararse frente a un canal de televisión para que le eliminen los cinco minutos a una actriz puertorriqueña.

Todo el Caribe —y conste que veo la televisión dominicana de vez en cuando— está llena de esa tradición de gente que se maquilla, o incluso interpreta personajes que fingen minusvalías físicas, orales o mentales. En Cuba sería impensable que, al revivir una obra del teatro bufo —y se reviven a menudo: con el negrito, el gallego y la mulata— se presentaran unos “manifestantes” a enterrarlos. Uno de los máximos defensores de estos personajes lo fue el gran Alejo Carpentier, quien decía que el teatro vernáculo cubano: “era un admirable refugio del criollismo”. A esa tradición admirable, pero en Puerto Rico, pertenecía Diplo. Y estos papanatas vienen y lo entierran.

Puestos a enterrar, por favor, que esperen a la próxima temporada del Met, vayan a la representación de Otello —si es con el ruso Aleksandrs Antonenko, mejor—, y allí, de paso, junto con Otello y Antonenko, entierren a Plácido Domingo, que ha hecho unos Otellos deslumbrantes. Si tienen tiempo, que yo creo que sí, que deben tener muchísimo, manifiéstense contra Madama Butterfly, y entierren también a la letona blanca, rubia, talentosísima, Kristine Opolais, que pasa horas maquillándose para parecer japonesa.

Enterrar a Diplo porque se pintó de negro es lo mismo que enterrar a Caruso porque en su momento personificó al Moro de Venecia, agresor y machista. Bueno, después de lo que ha pasado con Chianita, no dudaría que un comando talibán se presente en la Opera de Milán, y entierre (de verdad, a bombazo limpio) a los actores y el público que aplaude Otello, ya que se burlan de un musulmán atormentado por los celos.

¿Por qué no dejan vivir a la gente, por qué no la dejan trabajar, ya que ustedes no lo hacen?

Y en cuanto a Univisión, que canceló el segmento, sepan que mañana irán a por otro personaje, y luego por otro, y dentro de un mes por otro más. Y entonces no habrá comedias en el País. Todo será como en el teatro de Mao Tse Tung, donde los oficiales enemigos, cuando tenían que retirar sus tropas, no decían, como cualquier general: ¡“Retirémonos!”, sino: “¡Huyamos como ratas, que se acerca el glorioso ejército de Mao!”.

A Chianita la enterró el glorioso ejército de Mao.

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