Xiomara Feliberty Casiano.
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El estado de la cuestión

Mientras escuchaba el llamado “Estado de la Nación” no podía sacar de mi mente a un antiguo alumno, que en una lección sobre literatura indigenista, interrumpió a una compañera preguntando en inglés: ¿por qué leemos historias de indios?

La estudiante lo miró, sin malicia, casi con bondad, y encontró una respuesta sencilla que me llenó de orgullo. “Estas cuentas son universales”, dijo en un español dificultoso.

Esas “cuentas” de personajes “otros”, marginados, son los cuentos que nos hermanan. Las experiencias de maltrato institucional, segregación y abandono.

En el discurso presidencial, las mujeres de blanco perlado aplaudían con labios torcidos mientras el mandatario exponía las prioridades para su nación: seguridad y prosperidad económica.

Para el presidente, ambas prioridades están conectadas. La construcción de un gran muro en las fronteras de Estados Unidos y México, representando este país a todos los países latinoamericanos, significa una inversión multimillonaria de las arcas nacionales para las escogidas compañías constructoras, y con estas, claro, beneficiar al mercado de bienes raíces, endiosado por la voz presidencial.

Los estudiantes de la anécdota inicial no son los únicos que cuestionan o reflexionan sobre la situación actual. Por desgracia, la mayoría ha normalizado nuestra realidad. Padece un “compassion fatigue”. Otros, sin embargo, quieren imaginarse en un mundo donde no se cuestione su capacidad para identificar los problemas que afectan a su país. Comprenden que esas “historias de indios” son las historias de todos nosotros, los mortales que no poseemos una tarjeta Centurion o el color de piel alterado tras un bronceado artificial.

Le pregunto al lector, como a mis alumnos, si tuvieran en las manos una cápsula del tiempo. Hoy, ¿qué depositarían? ¿Qué imágenes, ideas o prioridades definirían el momento presente?

En los últimos años no ha habido un grupo de alumnos que no coincida con guardar un símbolo de Twitter con un mensaje del presidente actual. Lo curioso no es que la juventud conozca a su primer mandatario por una red virtual sino la selección de tuits de cuentas, no oficiales, que parodian el discurso presidencial.

Si la cápsula existiera, en cincuenta años, tendríamos expertos indagando sobre ese pajarito azul con un “hashtag” de “fakenews”.

Y en la suya ¿qué encontrarían?

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