Amárilis Pagán Jiménez

Tribuna Invitada

Por Amárilis Pagán Jiménez
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El estado de las cosas

¿Cuánto amamos a Puerto Rico? ¿Eso incluye a su gente? ¿A toda? Y si la amamos, ¿por qué no creamos las condiciones para asuman su poder y tomen decisiones libres? Preguntas como éstas deberían insertarse en la discusión pública de dos temas que nos quitan el sueño. La deuda pública y el status. ¿Pensar y ser racionales? Por supuesto. Pero también sentir amor y empatía.

El gran reto en este momento es quebrar el ciclo perverso de desigualdad que mantiene secuestrados los derechos humanos y la capacidad de nuestra gente de participar en la toma de decisiones. Llevamos más de 60 años siendo educados para observar y sufrir. De vez en cuando nos regalan alguna buena fiesta sin dejar de destruir de manera sistemática nuestra voluntad. La destruyen con pobres servicios de salud. La destruyen, y nos destruyen, con escuelas deterioradas, pobreza generalizada y propaganda que enemista a sectores que deberían luchar juntos.

Nuestra historia nos ha demostrado dos cosas sobre el status. Una, que los partidos políticos tradicionales se benefician del tema cada cuatro años sin intención de solucionarlo. La segunda, que no hay referéndum que valga si no hay un proceso honesto de educación y apoderamiento para que la gente- no tres o cuatro gatos oficialistas- tome decisiones informadas. ¿O la idea es imponer al resto del País una fórmula de status para que nos gobiernen los de siempre?

¿La gente y sus derechos humanos antes que la deuda? Sí. ¿Discutir el status con los tres partidos de siempre y sin la gente de a pie? No y no.

Trabajar por los derechos humanos y brindar servicios a personas que viven la pobreza te da una perspectiva muy distinta. Una se da cuenta de que el verdadero proceso emancipador de un país no es el que se define desde una mesa de partidos antiguos, sino el que se trabaja desde la base, deconstruye los prejuicios y abre las puertas para la liberación individual y colectiva. Un verdadero proceso emancipador que permita definir el futuro de la Isla, no puede venir de las estructuras tradicionales: ni gobierno, ni iglesia, ni partidos, ni terratenientes. Tampoco de sectores de clase media que sueñan con escalar en el caos y apoyan con sus actos lo que critican con la boca.

Ya que nos desvelaremos, hagámoslo por todo lo necesario. La violencia cotidiana y la desigualdad deben estar en la discusión junto al status y la deuda. De lo contrario, no habrá forma de salvar lo que nos queda de País.

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