José B. Márquez

Punto de vista

Por José B. Márquez
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El estatus requiere deliberación ciudadana

En las últimas semanas ha regresado a la agenda política celebrar un plebiscito de estatus. Las objeciones no se han hecho esperar. Algunos cuestionan las opciones del electorado en el plebiscito, el uso repetido de estos eventos como gancho electoral y el carácter no vinculante ante el Congreso de una tercera consulta de estatus en menos de diez años. Habría que añadir a estos cuestionamientos uno mucho más importante: la falta de deliberación ciudadana. 

Sin importar sus resultados o cuán alta sea la participación electoral, un plebiscito sin deliberación no puede reflejar el consentimiento informado de la ciudadanía. Hay demasiadas preguntas irresueltas sobre las consecuencias de cada alternativa de estatus a nivel político, económico, fiscal, cultural, entre otras implicaciones.

Ya sea que un plebiscito o referéndum provenga de la legislatura de turno o de una Asamblea Constitucional de Estatus (mi preferencia), debe promoverse un proceso de deliberación ciudadana previo al evento electoral. Para lograr esa deliberación, propongo que antes de la consulta se celebre un Día Deliberativo o una Asamblea Ciudadana.

El Día Deliberativo (“Deliberation Day”) es una idea desarrollada por los politólogos James Fishkin y Bruce Ackerman. Uno o dos meses antes de un evento electoral se realizaría un debate televisado donde los líderes de cada alternativa defenderían su propuesta y atenderían todo tipo de preguntas. Finalizado el debate, empezaría la parte más importante. 

En las plazas o espacios públicos de cada municipio los electores participarían de foros donde deliberarían sobre el tema con representantes de cada movimiento. Idealmente, el Día Deliberativo sería un día feriado para promover la participación, al igual que el día de las elecciones. Así, lo fundamental es que el resultado electoral surja de procesos más informativos y educativos de los que hemos tenido hasta ahora, ya que estudios demuestran que la deliberación tiene un impacto significativo en la opinión del elector. 

Para quienes consideren que un Día Deliberativo resultaría muy costoso o complicado, existe otra alternativa: celebrar una Asamblea Ciudadana (“Citizens’ Assembly”). Comparable al proceso en un juicio criminal, aquí un jurado ciudadano deliberaría sobre cuál es la mejor alternativa de estatus en lugar de deliberar sobre la culpabilidad de un acusado. Y, en lugar de doce personas, se seleccionarían aleatoriamente a cien personas que representen al país a nivel de clase, género, raza, región electoral, entre otros aspectos. 

Asimismo, esta Asamblea Ciudadana escucharía los argumentos de política pública y haría preguntas sobre las consecuencias de cada alternativa de estatus. Grupos de interés de la ciudadanía también podrían participar a través de representantes y todo el proceso deliberativo sería transmitido vía televisión o redes sociales. Finalmente, la Asamblea Ciudadana escogería una opción, pero el resultado no sería vinculante para el resto de la población, sino que su función sería para propósitos deliberativos y educativos.

Debe aclararse que estas propuestas serían opcionales o complementarias en el escenario de una Asamblea Constitucional de Estatus que incluya deliberación ciudadana. Pero, ausente dicha Asamblea Constitucional, alguna modalidad de deliberación ciudadana es imprescindible para propiciar que el electorado vote con conocimiento informado en un plebiscito. 

De lo que se trata es de procurar espacios realmente democráticos, deliberativos e informativos sobre un tema de tanta trascendencia como es nuestra relación de subordinación política, en vez de tergiversar los eventos electorales a favor de determinada alternativa. Ninguna opción de estatus debe ser más importante que la democracia.


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