Luis M. Baquero Rosas

Tribuna Invitada

Por Luis M. Baquero Rosas
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El éxodo de profesores universitarios

La nueva ola migratoria de puertorriqueños hacia los Estados Unidos se inició hace una década, con la mudanza de miles de puertorriqueños hacia la Florida Central y se incrementó en forma significativa luego del paso de huracán María, hace ya casi 10 meses, con la salida de residentes que sufrieron los estragos del devastador evento atmosférico en sus hogares y sus puestos de trabajo.

Estos eventos, en combinación con la disminución en la población estudiantil universitaria, el impacto de la crisis fiscal en el sistema de la Universidad de Puerto Rico (UPR), la falta de un plan estratégico y una visión de futuro en la universidad pública, así como el impacto de la política en el reclutamiento de personal, la otorgación de plazas y beneficios de becas a familiares y amigos, en conjunto con la merma de estudiantes que ahora se admiten a las universidades, ha llevado a cientos de profesores, con las más altas cualificaciones a iniciar un proceso de emigración que puede ser devastador para la recuperación y el futuro competitivo de la isla.

La inmensa mayoría de los profesores e investigadores de las universidades la componen puertorriqueños y extranjeros que escogieron o que llegaron a nuestras costas con grados doctorales de prestigiosas universidades, con publicaciones de primer nivel y con otorgación de fondos de investigación estatales, federales y privados que requieren un sistema universitario estable que no los motive a emigrar.

El país se enfrenta a la pérdida de expertos en los campos de conocimiento como ciencias, ingenierías, matemáticas y tecnología (STEM) y otras como empresas y humanidades que tienen ante sí la posibilidad de ser reclutados universidades, en cualquier rincón del mundo, por su alto nivel de peritaje, sus investigaciones, publicaciones y que en muchos casos se mantienen en Puerto Rico recibiendo una escala salarial mucho menor que en los Estados Unidos. Este segmento de educadores, al igual que los médicos, enfermeras, expertos en computadoras, profesionales de las industrias farmacéuticas y otros, son la base de la economía del conocimiento que se ha desarrollado en Puerto Rico. Sus pérdidas van más allá de la salida de un empleado porque perderemos todo el conocimiento, experiencias, capacidades y contactos profesionales que se lleva cada uno de ellos cuando se ve en la obligación de abandonar nuestro país. Sí Puerto Rico busca retomar su ruta de crecimiento, en esta economía del conocimiento y globalización es urgente conservar uno de los activos más importantes y escasos: los profesionales a cargo de educar a las futuras generaciones.

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